Poemas de Jaime Arcos Izquierdo (Q.E.P.D.)

Jaime Arcos Izquierdo (QEPD)
Con el fin de mantener viva la memoria del
joven poeta Jaime Arcos Izquierdo
, al cumplirse un año de su fallecimiento,
publicamos tres poemas de su autoría.

Colisiones con fantasmas
A no ser.
A no ser por decir,
que supiera deshacerme del tedio derecho,
no ser como hoy, no ser hombre en bruto,
materia de la nada insensitiva.
No divertirme con esa algarabía extraña
de muertos anticipados que se atreve a la
calle,
que se emborracha y no caduca,
y existe en toda la amplitud de un frío
triste;
pero no sabe, no se entera del abismo hondo,
hace maletas y luego por el aliento de la
nada,
no seca en la canícula de un siempre lo mismo,
se obliga, se parte,
se hace añicos negros en el piso,
se recompone luego porque hay que trabajar,
y todo avanza como una música odiosa,
se extingue en un síndrome cotidiano, frío,
exige demasiado a mi figura de calle sin
gesto,
me arrastra, se aburre y me suelta,
me permite al yo
plantador de versos lánguidos en el aire,
tal corno irte suelta… (ya me cansé de
hablar del tiempo).
Se hace necesario explicar que tiemblo.
Se puede intentar una nueva agonía en el
patio,
ennocturnizarse para recibir una estera
tenebrista de quien sea que dibuje la vida,
no salir a repartir presentes oxidados,
intentar dormir el invierno, ofrecerle un
café,
hablar de cómo se ocultan de brutal las cosas,
contar con uno de sus llantos en mi sala,
llamar a alguien que constate, así no miento,
que se moje largo,
que exista en mi esfera de lluvias mudas,
que abandone ese hemisferio maldito de
caricias espesas,
calculadas en la forma más muerta del tacto.
No es más invierno,
delicioso el café, yo sé,
duele despedirse de cosas así.
Gracias por el llanto (silencio largo).
Delicioso el café.
Los nosotros
Uno tiene el derecho de fumar un cigarrillo
en la sensata opción de la contemplación
De repente en dos segundo esquizofrénicos
te exprimen la ciudad en los ojos,
los hombres y sus fechas
de vencimiento impostergables
se acidifican brutalmente,
caen sus bullas encadenadas y sus autos “travestis”
atraviesan la soledad,
la condenan con escupitajos de estridencia a
rituales vacíos
la trizan en mil des-asombros.
Los nosotros, es decir la concupiscencia
poética e irremediable
encarnamos la ciudad como una desesperación
como un virus pavimentado de vida,
jugamos armotodo con sus fichas desprendidas a
disgusto de la razón,
y somos felices en la medida que nuestro
teatro nos lo permite.
Los nosotros somos una definición con puntos
suspensivos
porque estamos suspendidos
en los puntos de la alucinación indefinible,
llovemos con el semáforo en gris y lado del
alma
cruzamos, saludamos a los fantasmas
con las cejas abismadas de lágrimas,
nos emociona nada más lo que no sucede
para no asistir a sus exequias
de presente y luego de recuerdo,
no excluimos la posibilidad de embriagarnos
hasta excomulgar
los asentamientos de todo método, y nos
soltamos así,
a poetizar borrachos y clandestinos,
amamos el amanecer desde el parque, el que el
resto olvida por dormir
o por el polvito de las seis
o por el nudo de la corbata,
aunque nos venderíamos
ineluctablemente por el segundo.
Los nosotros lloriqueamos por la perversión
del ser,
y en cambio celebramos la de la carne,
sentimos como animales,
nos extraviamos en las desnudeses francas
(valga la redundancia), en la sabiduría de un
jadeo o el rostro
más atormentado del silencio, en los café-cementerio-club,
somos arcángeles
destituidos de un cielo metódico
y abdicado de lo arcano,
pero arcángeles, y buscamos la salvación
en el acto sexual de la vida y el poema,
es decir estamos condenados.
“Y Pies”
El lobo corre por mis
sesos, huye, aúlla a los satélites,
a mis ojos, nunca ha
gustado de este bosque,
pero desea seguir en
él, pues busca a Karma,
a la triste.
¿Y por qué si no es
vivo?
¡Pobrecito, que le
habrán hecho!
¿Y qué es lo que nace
sin querer tomar forma?
¿Qué esparce sus pasos
a no encontrar lo buscado?
¡Pobrecito, el lobito,
qué le habrán contado!
En Y pies.
El hoy, el veneno
hondo,
el aburrido round
asumido con cara de idiota,
con sangre singular y
nexos vedados,
escote lanza e
inodoro.
¿Te fijas?
Los pelos crecen sobre
la gente,
curso dosmilsiete,
las anginas también
crecen,
el miedo crece,
la encarnación
insípida y cierta ceniza.
Karma, mi amor, no he
podido romper el fuego.
Lloro y lloro y nada,
no hay agua posible,
Karma,
tu ingle en esta
página es inútil,
solo ese fuego es
cierto.
Karma, mi amor, mira
que lloro y lloro.
En Y pies
La hora histérica,
fulmínica, tácita,
la hora de la primer
tilde sonando en la cien.
La hora pélvica e
irónica,
la hora impráctica,
mórbida,
larga y abúlica,
métrica, rígida, lúbrica.
La hora famélica,
pública, bélica, tóxica, sórdida,
la triste hora, la
hora sin tiempo,
la clásica, la
disimulada en un poema.
La hora embrión,
lapídica, la élan vital,
la húmeda, epifánica
nada.
La hora biológica,
anímica muerte.
La hora bestia,
mefítica, maleable,
herética, física, la
grieta cósmica,
la anidada, la
psíquica,
la sin equilibrio,
la sin lógica.
La hora nórica,
cíclica, circular, sónica,
la hora rota, fílmica,
la pobrecita hora,
la hora, la hora, la
súbita hora,
Karma,
la que no nos ha de
importar,
la de la última tilde
en el pié,
esa misma.
En Y pies.

Author: Miguel Cordoba

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