Santuario de Las Lajas, un milagro en el abismo

Foto: Juan Pablo Rueda/El Tiempo
Tomado de
Por Mauricio de la
Rosa
Enclavado e imponente
en el cañón del río Guáitara, en sur de Nariño, aparece el Santuario de Nuestra
Señora de Las Lajas, el mismo que en octubre del 2015 fue catalogado por el
diario británico ‘The Telegraph’ como el templo más bello del mundo
.

Razones no le faltaron
a dicho diario para ubicar a Las Lajas en el primer lugar en un listado con las
23 iglesias más bonitas, entre esas varias europeas. La maravillosa edificación
–no sobra el adjetivo– está localizada en el municipio de Ipiales (Nariño)
, en
el corregimiento de Las Lajas y a solo 3 kilómetros de la frontera con Ecuador.
Y perdura desde comienzos del siglo XX.
Con su imponente
estilo neogótico, cubierta en toda su extensión por piedra gris y blanca, atrae
cada año a unos 750.000 peregrinos colombianos, ecuatorianos y de otras
naciones del mundo, según cifras del Santuario.
Los vitrales del santuario recrean pasajes
bíblicos. Foto: Juan Pablo Rueda
No es complicado
llegar. Partiendo de la ciudad de Pasto, se recorren 80 kilómetros de la vía
Panamericana a lo largo de los cuales se podrá apreciar en toda su magnitud el
cañón del río Guáitara
, con elevadas montañas acompañadas de pequeñas parcelas
que dibujan colchas de retazos que inspiran a los artistas regionales en sus
obras pictóricas.
Es un recorrido en el
que los turistas tienen la oportunidad de conocer pequeñas poblaciones y
cabeceras de algunos municipios del sur del departamento. A solo 15 minutos
está el corregimiento de Catambuco
, que con el transcurso de los años ha
conseguido la fama porque allí se prepara el mejor cuy, considerado el plato
típico por excelencia en la región. Después harán su arribo a Tangua, y
enseguida están Yacuanquer, El Pedregal, Pilcuán, San Juan y finalmente
Ipiales.
El santuario de las
Lajas es conocido también como el ‘milagro de Dios en el abismo’
, pues es eso:
una imponente obra religiosa y arquitectónica que brota sobre un abismo. Y para
entender este concepto hay que acudir a la historia. O mejor, al milagro de la
Virgen de Nuestra Señora del Rosario de las Lajas, que se remonta al año de
1754 cuando su imagen fue descubierta por la indígena María Mueses y su pequeña
hija, Rosa, cuando se movilizaban de la ciudad de Ipiales a su casa en el vecino
municipio de Potosí. Caía una fuerte tempestad y madre e hija debieron
interrumpir su caminata y ocultarse en medio de piedras y lajas, al fondo del
cañón del río Guáitara.
Los peregrinos encuentran cientos de placas de agradecimiento
por favores  y milagros atribuidos a Nuestra Señora de las Lajas.
Foto: Juan Pablo Rueda
Cuenta la leyenda que
la madre quedó de una sola pieza cuando la niña, que era sorda, habló y
pronunció las siguientes palabras: “Mamita, la mestiza me llama…”, señalando
con su mano la pintura con la imagen de la Virgen sobre una laja.
Unos días después las
autoridades y pobladores de la zona pudieron comprobar la veracidad del hecho,
y el lugar empezó a convertirse en un referente religioso no solo en el sur de
Colombia, sino del norte de Ecuador.
El santuario de Las
Lajas, en su primera etapa –sus primeros 40 años–, fue una choza de madera y
paja. En la segunda etapa ya adquiere la forma de capilla construida con
ladrillo y cal y terminada en cúpula
. La tercera contempla su ampliación, con
la intervención del arquitecto ecuatoriano Mariano Aulestia.
La cuarta abarca la
construcción de la plazoleta y el puente de dos arcos, y la última corresponde
al santuario con las características actuales; la construcción comenzó el
primero de enero de 1916, a cargo del ingeniero ecuatoriano Gualberto Pérez y
del pastuso Lucindo Espinoza, quienes terminaron la imponente obra en agosto de
1949
. Según los cálculos, su costo fue de 1’850.000 pesos colombianos de la
época, que fueron conseguidos con los aportes de los miles de fieles y
creyentes de Colombia y Ecuador.
Turismo y devoción
Desde la estación de
transporte hacia el corregimiento de Las Lajas empieza un recorrido descendente
de 7 kilómetros por una vía pavimentada y habilitada para dos carriles
que
bordea el paisaje en caprichosas curvas que dejan entrever al fondo el cañón
del Guáitara.
Vendedora de artículos religiosos en las afueras del Santuario
de Las Lajas. Foto: Juan Pablo Rueda
Las Lajas es un
caserío que se ha ido formando en torno al santuario, afianzando sus casas a
los riscos y trazando caminos o escaleras de piedra
. A lado y lado se levantan
las tiendas que ofrecen toda clase de productos artesanales, básicamente de
carácter religioso y tejidos de lana, lo mismo que tallas en madera.
Descender un total de
262 escalones puede ser agotador, pero en el caso de Las Lajas constituye una
grata experiencia cuando se llega hasta la última grada de piedra y se descansa
en la plazoleta La Juana
, la cual recuerda el milagro presenciado por Juana
Mueses de Quiñones y su hijita Rosa.
La belleza de este
templo, de 100 metros de altura –desde la base hasta la torre– se puede
observar desde el edificio central con sus 15 metros de ancho por los 27,5
metros de largo, donde sobresalen las tres naves cubiertas con bóvedas de
crucería
; en la zona externa se aprecia el puente, con una longitud de 50
metros de alto por 17 metros de ancho. Allí se revelan también las tres torres
que terminan en agujas decoradas con grumos y frondas, ventanales, rosetones,
arbotantes y pináculos.
Para el historiador
Jaime Coral, el santuario de Las Lajas tiene una gran ventaja con relación a
otros templos y es que puede mirarse desde distintos ángulos, según el interés
de cada peregrino o turista. Desde los arcos de estilo romano que sostienen el
puente-atrio hasta las agujas de las torrecillas neogóticas, o desde donde los
ángeles proclaman la gloria de Dios con trompetas y antorchas encendidas. Desde
los vitrales y rosetones que tamizan la luz. Desde los mosaicos y las tallas de
madera de las puertas o desde el mismo abismo que permite visualizar su
espectacular estructura.
Dentro del santuario hay varias capillas y oratorios.
Foto: Juan Pablo Rueda
También se pueden ver
las manifestaciones de fe a Nuestra Señora en varias paredes tapizadas con
placas de agradecimiento por milagros recibidos
.
El historiador resalta
las columnas del templo, que se levantan entrelazando sus venas, formando un
juego de estrellas “porque obliga a pensar en el infinito”. Y al fondo, tallada
sobre la roca viva, está la cueva del milagro, donde resplandece la imagen de
Nuestra Señora de Las Lajas con el Niño Jesús en el brazo izquierdo y el
rosario en el derecho, junto a los santos patronos Francisco de Asís y Domingo
de Guzmán.
Los turistas pueden contemplar el Santuario de las Lajas y toda
la naturaleza que lo rodea a bordo de este nuevo teleférico.
Foto: Juan Pablo Rueda
La Virgen Mestiza mira
con sus grandes ojos negros y sigue al peregrino como preguntándole sus
angustias y esperanzas
.
El templo puede ser
admirado desde otros sitios que ofrecen distintas perspectivas, pero siempre
con la misma magia, el mismo esplendor que contrasta con los caminos, con la
naturaleza asomando su frescura.
Allí todo es singular
y múltiple a la vez, para recordarnos que el Santuario de Las Lajas es un
milagro de Dios en el abismo y ahora, como si lo anterior fuera poco, el templo
más bello del mundo.
Si usted va…
Para viajar a Las
Lajas debe llegar a Pasto. Desde la capital de Nariño, el viaje a Ipiales tarda
algo más de una hora en bus de servicio público, que cuesta 8.000 pesos
. Cuando
se llega a Ipiales se debe abordar un servicio colectivo, que en cuestión de 15
minutos lo deja en el santuario.
Cerca de Las Lajas
existen varias residencias, donde la noche de hospedaje vale 20.000 pesos la
noche.
En Ipiales se
recomiendan el hotel Santa Clara, el Gran Hotel, el Santa Ana y Rumichaca
Internacional.

Aledaños al santuario hay varios restaurantes que ofrecen los platos
típicos de la región, entre ellos el cuy, que vale 25.000 pesos el plato.

Nota original:

http://www.eltiempo.com/estilo-de-vida/viajar/santuario-de-las-lajas-templo-numero-uno-del-mundo/16506405

Author: Miguel Cordoba

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