Semana santa, pobreza y opulencia

Por Manuel Erazo Cabrera
Ismael Botina popular maestro Buchón,  digno representante  del pueblo sufrido y aguantador; si no
trabaja, no lleva el mendrugo de pan a su hogar. Por eso la Semana Santa, es un
tiempo de ayuno a la brava
; disminuye la comida porque no hay trabajo, así de
sencillo.

Mientras los ricos toman la Semana Mayor, para
gozar  de vacaciones, en medio del pueblo “culirroto”, la cosa es a
otro precio; pero,  la vida hay que
vivirla como manda mi  diosito lindo. Ahí vamos, gimiendo y llorando en este valle
de lágrimas.
En medio de todo, hay costumbres de esta
época, dignas de resaltarlas. Comienza con el Domingo de Ramos- por mas campañas que hagan en contra del uso de
la palma de cera- al pueblo le encanta
lo prohibido
; tremendos arreglos decorativos con esta palma nativa, que la
venden a ojos vistos en los mercados populares. Además, ya arrancada, qué
objeto tiene decomisarla. La campaña debería hacerse donde se produce, no donde se vende. Pero, el domingo de ramos,
hay otra costumbre que hace ley, consiste en salir muy temprano en bicicleta
hacía el santuario de Las Lajas. Pedaleé y pedaleé, en señal de
arrepentimiento. Miles de ciclistas se
toman las carreteras de Nariño.
Las procesiones de semana santa, son una
distracción para el pueblo soberano. Las familias pobres, corren a las esquinas
a ver una y otra vez las mismas imágenes
y se sienten orgullosos porque papá, mamá, tío,   pertenecen a esas asociaciones de
carismáticos cristianos, que por tradición o convicción, son parte de esas
cofradías.
A propósito, la procesión del Martes Santo, en
Túquerres es un atractivo turístico único en su género. Nada tiene que
envidiarle a Popayán o Quito, vaya este martes santo a la ciudad sabanera y
conocerá algo novedoso
.
Visitar los monumentos, otro plan del pueblo
que se queda en su ciudad. Todavía nuestros templos se esmeran por adornar sus
altares.
Desde el miércoles santo, comienzan las romerías a las Lajas, la virgen de la Playa en San Pablo o al  Jesús Nazareno del Tambo, donde llegan  miles de caminantes. Cuenta la historia que
esta costumbre se la vive desde finales del siglo diez y ocho, cuando se
apareció la virgen sobre los peñazos del río Guaitara por los lados de Potosí.
La juanesca no puede faltar. Ese plato típico
y propio de semana santa, es especial en nuestra tierra. La calabaza, los
ullucos, la papa guata, la papa chaucha son patrimonio gastronómico de los
nariñenses
. Comer pesado sin refrigerar es otra costumbre.
Caminar y caminar en señal de arrepentimiento,
mueve a multitudes hasta las Lajas
. Allá
se llega a media noche y el templo se convierte en dormitorio popular. Es un
tendal de gente que a su manera se acurruca y agradece a la virgen santísima las bondades de la pobreza.
Mientras esto hace el pueblo pobre y
resignado, los otros están gozando de las playas, de los banquetes, de los
bailes…parranda santa…
Domingo 13 de abril 2014

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Author: Miguel Cordoba

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