Talanquera contra calidad educativa

Desde Nod
Por Alejandro García Gómez.
El decreto 1290 (vigente sobre evaluación
educativa) exige tener en cuenta las diferencias individuales y sus ritmos de
aprendizaje
. Howard Gardner habla de las inteligencias múltiples: cada
estudiante necesita un proceso propio. Esto suena bien, pero en la práctica es
inalcanzable con 10 o hasta 22 grupos de 40 o hasta 50 estudiantes y con una
atención a 400, 500 y hasta 900 o más estudiantes/profesor/semana. El docente
se traza un objetivo: que cada estudiante se forme en una sana convivencia para
que aprenda a vivir en sociedad y que adquiera los conocimientos adecuados a su
edad y grado, es decir, que logre las competencias requeridas por los
estándares del Ministerio de Educación
. Con esta cantidad de estudiantes y
grupos,  cada año, el profesor debe hacer
el milagro de “arrastrar”, dentro del objetivo trazado, a todos sus discípulos.
Con muchos lo logra, con varios no.
Al exceso de estudiantes, al exceso de
clases/profesor/semana, al hacinamiento en aulas, a las actividades
curriculares diferentes a clases (dirección de grupo, proyectos, reuniones,
calificar tareas, exámenes, trabajos, talleres e informes de laboratorio,
preparar cada actividad, aplicarla y evaluarla, y un largo etcétera), se suma
la problemática de nuestras ciudades
, todas conflictivas, que generan una
convivencia sui géneris (he hablado de esto en otros artículos) donde el
maestro debe hacer de detective (para tener las evidencias o pruebas), de
fiscal (para la acusación por escrito), de juez (para ubicar en el manual de
convivencia el correctivo pedagógico a seguir) y de veedor, para vigilar que se
cumpla. Adicional a esto está el conflicto derivado de la aplicación del Código
del Menor, del que he hablado también en otros artículos.
En los últimos años se presenta un nuevo
fenómeno en la educación oficial de Medellín: a raíz de los colegios estatales
que se fueron creando, varios en sectores deprimidos, se redistribuyó la
población de estudiantes en los centros educativos oficiales, tanto en los
nuevos como en los tradicionales, y se mermó en todos. P. ej., en la
institución donde soy docente hace varios años, lo usual era que oleadas de
padres de familia de todo el Valle de Aburrá llegaran a matricular a sus hijos
y no hubiera cupo. Pero desde hace unos años, las matrículas han mermado acá y
en todos los centros oficiales y privados. La razón es más que clara: hay una
redistribución de la población estudiantil de Básica y Media. Secretaría de
Educación de Medellín lo conoce. Pero hay una buena noticia a raíz de este
fenómeno: se observa un aumento de la calidad, cada vez más visible.
La mejoría de la calidad educativa oficial,
iniciada en las últimas alcaldías, no sólo la han demostrado las Pruebas Saber.
En 2011, eventos locales, como el concurso de Química para estudiantes de
grados 10 y 11, dejó al INEM de Medellín con 5 estudiantes entre los 10
mejores, tres entre los cinco primeros. Tres niños de grado 7 y su profesor
ganaron un viaje a Australia a exponer su investigación sobre energía solar
aplicada. Hay más ejemplos. Esto da argumentos para liderar los cambios y
Medellín puede hacerlo porque ya tiene con qué en esta clara relación entre
mejoría de la calidad y mejora logística más reducción del número de
estudiantes/aula de clase. Mi respetuosa propuesta para el Alcalde Aníbal es que,
en equipo con el Gobernador Fajardo, ambos de talla nacional –y de ser posible
con las alcaldías certificadas del Valle de Aburrá-, lideren desde Medellín y
Antioquia una argumentada solicitud para que los salones de clase tengan un
mínimo de 25 hasta un máximo de 35 estudiantes/aula
. Es decir, abolir o
modificar la talanquera del “factor de racionalización educativa” impuesto por
el FMI al Ministerio de Educación como condición para otra humillación llamada
préstamo.
Nota.- Si la parálisis del Túnel de Oriente
trajera demandas a Medellín, ¿se podría aplicar la Acción de Repetición, de la
Constitución del 91? ¿Quién debería solicitarla? ¿Contra quién o quiénes? La
lectura de “Lo que esconde el Túnel de Oriente” (El Espectador.com, 18.I.12) es
preocupante. 22.I.12.

Author: Miguel Cordoba

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