‘Yo voto por el que diga Uribe’

Endulzando las
palabras
Por Iván
Antonio Jurado Cortés
Vallas con
mensajes como, ‘yo voto por el que diga Uribe’, simplemente refleja la
fragilidad y degradación de la mente humana; deja sin alientos a los que
aspiran que este país cambie para bien. Desde el grito de independencia en
1810, más de dos siglos y la esperanza no se marchita de que la patria por fin
ejerza su propia soberanía
. Al país le ha costado demasiados recursos sostener
una guerra cuyo argumento indiscutible es la desigualdad y abuso gubernamental.

En las últimas
décadas fue recalcitrante el conflicto, dejando más de ocho millones de
desplazados, alrededor de 270 mil muertos y un sinnúmero de lisiados, todos
producto de una desenfrenada lucha por el poder. El momento político coyuntural
que afronta la población es sin precedentes, hecho que exige toda la atención y
compromiso de la ciudadanía como de la institucionalidad, permitiendo abrir
espacio a una nueva oportunidad de desarrollo y progreso nacional.
Es obligación
de cualquier gobierno propender por la tranquilidad de sus gobernados y bienestar
de los mismos
, nada que ver con el apasionamiento partidista que tanto daño le
ha causado a la tierra del ‘Corazón de Jesús’. Reprochable es la actitud de
personajes quienes aprovechándose de una envestidura que el pueblo les otorga
para solucionar temas estructurales, entre ellos, la paz, actúen
malintencionadamente en contra de la propia necesidad de quien los eligió.
Hoy Colombia
ante el mundo se mira como una sociedad inentendible en el sentido que se
resiste al cese de una guerra que ha dejado muerte y desolación
, además del
desmedido atraso especialmente en regiones que los gobiernos se desentendieron
en sus obligaciones. No pueden ser aceptados postulados que vayan en contravía
de los intereses populares. La sensatez de las comunidades debe reflejarse en
acciones decididas de beneficio común.
Cuando se dice
que la civilización ha avanzado a pasos agigantados, es inconcebible permitir
que seudo-líderes pregonen por todos los medios ideas contrarias a los
principios rectores de una sociedad pensante
. Preocupa que pese a las distintas
pruebas donde se ha demostrado que la tesis de los opositores a la paz son
mentirosas, un sector importante de colombianos insista en seguirles el juego a
estos maquiavélicos politiqueros cuya consigna es desvirtuar lo que a
pacificación se refiera.
El contenido de
la valla que circula por las redes sociales, es parte de las estrategias que el
uribismo utiliza para destilar veneno y odio en contra de un pueblo que anhela
un mejor país. La paz no le hace daño a nadie, contrario al conflicto armado.
Cabe recordar que un acuerdo es el resultado de dos o más opiniones
consensuadas, donde cada parte opina para luego convenir en favor de una causa
común. En el caso del proceso de paz entre gobierno y Farc E.P., no caben las
propuestas maliciosas del uribismo.
Así que
conceptos afilados como, “se negoció mal; no se tuvo en cuenta a las víctimas;
la tierra no es negociable; que se pudran en la cárcel los matones; en fin,”
son leguleyadas que de tenerse en cuenta, jamás se hubiera concretado el objeto
nacional. Claro está que esto es solo el comienzo, marcando los senderos para
avanzar en pro de una patria más igualitaria y justa
. El capítulo: verdad,
justicia y reparación, es al que más le teme no solo Uribe Vélez sino muchos
solapados que patrocinaron la guerra sucia.
Los farsantes
politiqueros que no les resultó haber manipulado la información para que
millones de despistados votaran NO al plebiscito, ahora recargan sus baterías
para desde otro ángulo seguir tergiversando y atentando contra la debilitada
democracia nacional
. Desprestigiar, expulsar odio y atacar sin escrúpulo a
cualquier intención de cambio, es la función del ‘patrón del Ubérrimo’ y sus
secuaces, quienes copian al pie de la letra las ordenes de este angustiado
`culebrero’.
Los hechos de
los últimos días donde Álvaro Uribe, ‘peló el cobre’ ante el periodismo
colombiano, es la muestra de un hombre que gobernó y sueña continuar haciéndolo
a través de un títere al ritmo de violencia y amedrentamiento. La gente mala
nunca se cansa de insistir para encontrar sus propósitos, sin importar las
consecuencias.
Es una
vergüenza mundial contar con supuestos dirigentes cuya prioridad es
controvertir sin argumentos cualquier esperanza con sabor a paz. Ahora que
hablen los paramilitares y guerrilleros, existe la inmensa posibilidad de que
la ciudadanía en pleno cambie la imagen de estos señores
. Y de seguro que la
valla tendría que cambiar de texto.

Domingo  23
de julio de 2017

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Author: Miguel Cordoba

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