Acoso escolar, nuevamente

Columna Desde Nod
Por Alejandro García Gómez
El conflicto hace parte de cualquier comunidad
y siempre ha existido en los grupos escolares
, pero no en el número, gravedad y
delicadeza actuales, hasta el suicidio, las lesiones personales o el homicidio.
Según los datos de EL MUNDO (03.VII.14) sobre el Valle de Aburrá (Medellín y
ciudades circunvecinas) donde empieza a ser estudiado de manera sistemática,
las cuatro formas de acoso son: el físico con 17,6%, sicológico 12,6%, verbal
70,0% (¡!) y uno que no nos tocó a nosotros, el ciberacoso 4,5%.

El sitio donde
más se presenta es el salón de clase sin presencia del profesor 54,4%
, en
contraste de cuando sí está presente 8,5%; a la salida del colegio 27,9%,
presenta la segunda en importancia. Notemos que en ambos casos hay ausencia del
profesor. Los datos no desglosan las diferencias entre educación pública y
privada, ni tampoco en cuáles casos llega a consecuencias más definitivas y
hasta fatales.

Desde aquí he repetido que hay factores que
han incrementado eso que, cuando estudiábamos, era sólo un conflicto de
convivencia humana y que jamás llegaba hasta los límites de hoy. Veamos: con la
aplicación del Código del Menor en los reglamentos estudiantiles todo proceso
pedagógico tomó el cariz de jurídico
. Cualquier problema escolar se transformó
en “querella” que necesita las “evidencias” de toda prueba judicial. Pero a su
vez, los docentes andan acosados con 400, 600 y hasta 1000 estudiantes, cada
uno con su problemática particular. Por el excesivo número de
clases/semana/docente, además del arrume de todo tipo de actividades que le
suman, los profesores no alcanzan a hablar de sus problemas individuales con
sus estudiantes; sólo algunas veces, de las problemáticas generales. Una vez
por período escolar (cuatro al año) la administración crea el espacio de una hora
de clase, que más parece un formalismo para dejar evidencia escrita de que sí
se cumple. En mi tiempo de docente activo pasé, de forma verbal y escrita,
propuestas para un encuentro, al menos semanal, del director con su salón, pero
fue descartado porque no se acomodaba al horario.
Pero también, sin formación jurídica sino
pedagógica, muchas veces las evidencias o no se alcanzan a tomar o se lo hace
incorrectamente. Cualquier abogado encuentra vicios de trámite en los procesos,
los presenta ante un juez o similar y los tumba. El estudiante llegará a la
clase al día siguiente, vanagloriándose de su hazaña y el resto, los que se
“comportaban bien”, sacarán sus conclusiones
. Y chao convivencia. Los cursos
con 45 o más estudiantes son una deuda que se la debemos al actual Presidente
Santos cuando, siendo Minhacienda de Andrés Pastrana, hizo hasta lo imposible
por la reforma constitucional (Acto Legislativo 01/01 que recortó 60 billones
de salud, educación, agua potable y saneamiento básico) que permitió crear la
Ley 715/01 -por imposición del FMI- que logró convertir a los centros de
educación oficial en depósitos de estudiantes. Entre más estudiantes por aula
mejor, no importa la calidad y menos sus problemas.
Si a este coctel le agregamos los ocho años de
laxitud de la Promoción Automática (decreto 230/02 y anterior) de los
Mineducación Niño Díez (Ernesto Samper) y Kiko Lloreda (Andrés Pastrana),
tercamente sostenido por la Mineducación de Álvaro Uribe, Cecilia Vélez, por
otros ocho años más, tendríamos: “puedo hacer lo que me dé la gana y no me
pueden hacer nada; pero además sin esforzarme por estudiar ni saber nada, gano
los años”
. Sumémosle las leyes de flexibilización laboral del gobierno Uribe
Vélez, donde decretó que sólo a las diez pm empezaba la noche, alejando a los
padres de sus hijos, tengo la ecuación: sin estudiar, haciendo lo que me dé la
gana puedo ganar los años y mis padres jamás se enterarán. Y si se enteraran,
que mis padres, que no pasan tiempo conmigo, armados con el Código del Menor y
un abogado, que se pongan de mi lado contra los maestros o autoridades del
colegio y me salven. 09.VII.14.

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Author: Miguel Cordoba

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