Ausente docencia

Endulzando las
palabras
Por Iván Antonio
Jurado Cortés
La población
colombiana está expectante al desarrollo del proceso de paz que se adelanta en
la isla caribeña de Cuba; organizaciones sociales, gremios, instituciones
públicas, líderes políticos y sociales, tienen la fe de que esta vez en
Colombia se dará el inicio para la consolidación de una pacificación nacional
.
Ciertamente es un paso difícil por sus implicaciones; sin embargo, desde las
partes negociadoras se hacen los esfuerzos necesarios con el fin de
garantizarle al pueblo una buena conclusión.

El tiempo corre y los
términos se agotan, mientras la esperanza crece en medio de la controversia
conservadora que insiste continuar auspiciando de alguna manera el belicismo
nacional
. No se puede desconocer el resentimiento y pena moral de familiares y
víctimas que ha dejado con el paso de las décadas esta fatídica guerra,
especialmente en las familias más vulnerables que finalmente son las que vienen
pagando el costo de la confrontación armada.
En este trasegar han
jugado un relevante papel entidades dirigidas a salvaguardar los derechos de
las personas; sin embargo, otras que también debieran de hacerlo, no se han
manifestado. En este aspecto el sector educativo del país se ha quedado corto
al momento de tomar liderazgo en favor del desarrollo social
. Sin ánimo de
entrar a polemizar, la docencia colombiana se ha desentendido de temas donde
ética y académicamente debiera esta inmiscuida.
Hay que aclarar la
responsabilidad y objetividad de los dos campos de la educación académica: la
secundaria y la universitaria. La primera, la que debe enfocarse a la formación
humana con las bases y principios para fortalecer la convivencia, no se
identifica como tal; al contrario, se ha convertido en un formato estilizado
que ha debilitado el altruismo auténtico de la enseñanza
. Mientras que la
universitaria intenta importar innovaciones algunas perjudiciales con
demasiados tecnicismos, contraproducentes a la exigencia criolla.
Aunque el sistema
educativo en nuestro país impone los lineamientos que rigen el destino académico,
no es excusa para que docentes, particularmente de primaria y secundaria, sigan
en un mundo ausente de la necesidad nacional
. El proceso de paz además de
otorgar el privilegio de saciar el mayor sueño de una sociedad consciente, es
un gran referente para observar plenamente el compromiso y responsabilidad de
parte de todos los actores sociales, especialmente de organismos cuyo fin es
preparar a la gente para un mejor vivir.
Es inaceptable
encontrar un significativo número de profesores ignorantes en temas
trascendentales para la nación. No solo en lo referente a las conversaciones de
paz, sino en otras actividades que exigen de su permanente conectividad y
dinamismo. Investigaciones relacionadas con el asunto, arrojan cifras
sorprendentes respecto al desconocimiento y desvinculación de los enseñantes en
temáticas de la vivencia diaria
.
Se percibe sin ningún
esfuerzo que la inclinación de los maestros hacia la necesidad de las
comunidades es deficiente, hasta el punto de convertirse en agentes externos a la
realidad comunitaria. Aproximadamente el 45% de los educadores desconocen o son
indolentes al llamado que el pueblo les formula
. Es preocupante, a pesar de la
tecnología, que estos pedagogos no manejen temas de consorte social, político,
económico, cultural y ambiental.
Lamentable que se
dediquen exclusivamente a formar jóvenes sin brindarles los conocimientos
básicos, conllevando a una ciudadanía sin conciencia política, convirtiéndola
en carne de cañón de caciques de la omnipotencia. Las evaluaciones para
profesores corroboran un sistema capitalista sin ninguna estructura
sociopolítica, contraria a los intereses de la pujanza colombiana
. Los diálogos
son la vitrina para detectar debilidades magisteriales y sofismas politiqueros
que permean la sensibilidad y neutralizan los intentos de lucha de la clase
afectada.

Miércoles, 20 de enero
de 2016

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Author: Miguel Cordoba

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