Colombia no quiere educar a los pobres

Por Germán Manga
Tomado de
La movilización que impulsan las 32
universidades públicas para que se atienda la grave crisis económica que
enfrentan, subraya la urgencia de que el nuevo gobierno emprenda los profundos
cambios que necesita la educación en Colombia
.
Cada año 300.000 colombianos, en su
mayoría pertenecientes a las familias más pobres, terminan bachillerato y no
tienen ninguna posibilidad de ingresar a la universidad
.
En nuestro país la educación
gratuita y de alta calidad es un derecho universal, pero solo en la letra de la
colección de sueños irrealizables que es nuestra Constitución Política. Solo 33
por ciento de los niños menores de 6 años, reciben educación inicial. De cada
100 que ingresan a primaria apenas 39 terminan el bachillerato. En la dura
realidad, el único camino asegurado para recibir educación -sobre todo de
calidad- en Colombia, es ser rico, poderoso, tener influencias y contactos
, o
ser excesivamente afortunado, casi tanto como los que se ganan las loterías o
el Baloto.
Pocos conocen mejor esa realidad
-sus motivos profundos, sus duras expresiones, sus trágicas consecuencias- que
los rectores, los profesores, demás trabajadores y alumnos de las 32 universidades
públicas que hay en el país, 85 por ciento de cuyos estudiantes pertenecen a
los estratos 1, 2 y 3-.  Por eso están
organizando una gran movilización este 10 de octubre. Nada más
prioritario ni urgente en la agenda colectiva que enderezar el rumbo de nuestro
maltrecho y abandonado sistema educativo
.
El gran deterioro del funcionamiento y de las
finanzas de las universidades públicas viene de la Ley 30 de 1992, que ató el
crecimiento de los presupuestos al índice de Precios al Consumidor, lo cual
generó un creciente desfase entre los ingresos y el valor de las obligaciones
en calidad y cobertura. También les congeló la planta de profesores y las
obligó a financiar parte de sus actividades con recursos propios. 
25 años después, el resultado en lo económico
es desastroso. En 1993 los aportes de la nación a las universidades públicas
representaban 73 por ciento sus recursos y para el año 2016 habían disminuido a
48 por ciento
. Por ese motivo las universidades que se encargan de educar a la mayoría
de los colombianos más pobres están en la ruina, con buena parte de sus
edificios, aulas y mobiliarios deteriorados, equipos obsoletos, enormes
carencias en recursos educativos y un cúmulo de obligaciones y necesidades que
hasta ahora no logran atender. El Sistema de Universidades Estatales SUE
reporta a la fecha, un déficit de 434.874 millones de pesos
para terminar de
cumplir las obligaciones de este año y un desfinanciamiento acumulado de 3,2
billones de pesos en funcionamiento y 15 billones de pesos en inversión.
La Reforma Tributaria de 2016 incluyó posibles
soluciones a esta crisis y destinó recursos que después fueron desviados al
Icetex y 4 billones de pesos al programa Ser Pilo Paga
. El remedio terminó por
agravar la enfermedad.
El panorama en cuanto a educación técnica y
tecnológica es aún peor. Debería ser la instancia clave para articular la
educación con las necesidades del desarrollo, para formar para el trabajo a
centenares de miles de colombianos marginados del sistema educativo
pero el
gobierno apenas destina a la educación técnica superior, el equivalente a la
cuarta parte de la inversión que reciben las universidades.
Nuestra educación técnica es una de las más
atrasadas del continente en cuanto a cobertura y calidad. Por falta de
recursos, de voluntad política, de responsabilidad con los estudiantes
colombianos, integrar el sistema de educación terciaria (técnica, tecnológica y
universitaria) como lo plantean las normas, no pasa de ser una quimera. Tampoco
ahí hay oportunidades para los colombianos más pobres
. Para los que más
necesitan.
Lo sorprendente y loable es que, aún
en condiciones tan adversas, las universidades públicas han cumplido cabalmente
su labor. Más de la mitad cuentan con Acreditación Institucional de Alta Calidad
y, con base en generar recursos propios, han alcanzado logros tan
sobresalientes como aumentar en 124 por ciento la cobertura entre los años 2000
y 2018. Además de que la mayoría de sus estudiantes son los colombianos más
pobres, las universidades públicas son las únicas que están presentes en las
regiones más vulnerables del país
.
Por todo lo anterior es crucial que
el Estado y toda la sociedad pongan fin a la indolencia y a la indiferencia
frente a este tema que acapara las claves del progreso y de un futuro mejor
para los colombianos. El nuevo gobierno debe asumir con máxima seriedad el reto
de atender la crisis -no solo de las universidades públicas- y emprender los
profundos cambios que necesita la educación en Colombia -en presupuestos y organización,
en currículums, en calidad, en cobertura, en inversión en ciencia y tecnología,
en formación de maestros, etc., etc.-
. Seguimos muy rezagados respecto de los
demás países de nuestra región y del mundo y la meta de ser en el año 2025 “el
país más educado de Latinoamérica” no pasa de ser un mal chiste. 
Oportuna la movilización de las
universidades públicas que ojalá logre la atención y el respaldo de la
población. Como hay que apoyar a la ministra María Victoria Angulo en la
abolición del programa Ser Pilo Paga. Es indefensable que un país como el
nuestro, con uno de los menores porcentajes de inversión en educación superior
de América Latina, destine a un club de universidades de élite, -para educar
40.000 estudiantes de ese programa-, el mismo presupuesto que destina a
universidades estatales para atender más de 600.000
. Intensivo, arrogante,
impúdico al respecto, el lobby de la Universidad de los Andes, en defensa de
las rentas de esa figura “hecha en casa” que perpetúa los privilegios con base
en mantener a las mayorías en la ignorancia. “Por la plata baila el mono” dice
el refrán, algo que por lo visto también es verdad en algunos sectores de la
educación superior.

Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

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