Comuna 13: Colombia (y 2ª parte)

Columna: DESDE NOD
Por Alejandro García Gómez.
En mi artículo anterior hablé sobre la formación de esos sectores marginados que conforman las “comunas 13” colombianas, geografías laberínticas donde se reproduce la desesperanza, la miseria y el rencor. Hoy deseo mirar a quienes ya están asentados ahí. Muchos de esos hogares están conformados por madres cabezas de familia que, varias de ellas, han llegado a la maternidad aún púberes o adolescentes.
Los padres, han fallecido muy jóvenes por causas, generalmente, violentas o si viven se han desentendido de sus deberes y se convierten en cadáveres vivos para sus hijos y compañeras. Debido a esto las madres deben salir a trabajar en algún rebusque y, generalmente, dejan solos a sus hijos que pueden o no ser del mismo padre. En medio de esa soledad, los niños empiezan a crecer entre el hambre y la angustia.
Los amigos empiezan a llenar ese vacío y en esos amigos de la misma edad o algo superior se empieza a depositar la confianza y el afecto debidos a los padres. Esos amigos, niños aún o ya adolescentes, también han crecido entre el resentimiento del hambre, de la angustia y de la soledad y si algo tienen para enseñar es resentimiento y rencor. Algunos ya son pequeños delincuentes. Los mayorcitos, han aprendido algún vicio que, supuestamente, les calma la desesperanza, vicio que les ha llegado a ellos de la misma manera como lo reproducen.
Para alimentarlo han tenido que aceptar negocios riesgosos (transporte de armas, de drogas, etc.) transitando por esas -llamémoslas calles- de sus barrios, laberintos de escaleras, terrazas y recodos que comienzan a aprenderlos, a reconocerlos y defenderlos como su universo, que les refuerzan su auto percepción de marginalidad y que los atan para siempre a traficantes y/o delincuentes, ligados a  combos o bandas más grandes a las que más tarde van a servir como carne de combate y muerte cuando no a milicias guerrilleras. Si el niño tiene la fortuna de poseer familia con satisfacción mediana de necesidades, los traficantes y delincuentes se las ingenian para convertirlo en consumidor y potencial carne de choque o en miliciano de las guerrillas, apto para la muerte violenta indiferente.
Es aquí donde me pregunto: ¿es suficiente otra Operación Orión –arrasadora como la de 2002- y una reforma a los Códigos del Menor? No lo creo y por eso mi propuesta es a corto, mediano y largo plazo. Utópica dirán algunos, lo sé; pero también sé que quien no carga un sueño de humanidad en sus bolsillos tampoco se merece a sí mismo, como lo aprendí de mis padres.
Veamos: como medida de choque sí es urgente la aplicación de la autoridad legítima del Estado y una revisión de los códigos con fortalecimiento de la Justicia y protección a quienes la imparten. A corto y mediano plazo: incremento de fuentes de empleo de los empresarios privados -sería su aporte, hasta hoy avaro-, y no sólo del Estado como hasta ahora, con el fin de empezar aumentar el grosor de la clase media que fue adelgazado en los últimos gobiernos, no sólo en el de Uribe.
Éste último flexibilizó las leyes laborales para ampliar la masa laboral, según anunció, pero consiguió un resultado contrario al que supuestamente buscaba, a pesar de las advertencias. A largo plazo, se necesita volver a proteger a la familia como centro de la sociedad. Que los lazos familiares vuelvan a ser tan fuertes, que ningún colombiano quede por fuera de ellos. Esto nos llevaría por simple inercia sico-social al paso siguiente: la promoción de la unidad de valores entre las comunidades lo que nos conllevaría a la solidaridad entre ellas, como otro resultado inercial sico-social. Hay que recordar que son comunidades formadas a partir del desarraigo violento, y han perdido toda solidaridad porque, nuevos y desconocidos entre sí, perdieron esos valores comunes en el desarraigo violento.
La Ley de Tierras, en la que parece empeñado el gobierno actual sería otra eficaz herramienta. ¿Cuál es el problema? Que los primeros en oponerse violentamente será la parte más poderosa de quienes llevaron al poder al actual gobierno, al tocar su “reforma agraria”. Pero sin lugar a dudas esta ley frenaría el aún más desbordado crecimiento de las ciudades con sus secuelas de hacinamiento, miseria, rencor y delito que se avecina y ayudaría a renuclearizar las familias colombianas y a arraigar valores comunes entre ellas, es decir volver nuevamente solidarias a las comunidades. 19.IX.10

Author: Miguel Cordoba

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