El arte de gobernar…

Visión de mujer

Por Elsy Melo Maya

Con mucha certeza se decía en un importante evento organizado por Bancolombia, en relación con la época electoral cuyo calendario inicia en este mes, que “El arte de Gobernar es el arte de transformar vidas”. Y esa es la razón por la cual, para poder lograr el objetivo, debemos tener claro que combatir la corrupción no es solo un deber de las autoridades, es una tarea que nos compete a todos. Y actuando en congruencia, no está nada mal que refresquemos la memoria sobre lo que significa y abarca la corrupción, toda vez que no es solo un problema de enriquecimiento ilícito; sus consecuencias son graves, profundas y devastadoras para el país entero, y que mejor que esta época para recordarlo.

Empecemos por recordar el Prefacio de la Convención de Naciones Unidas contra la corrupción, el Pacto Global y la ética Empresarial: “La corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socava la democracia y el Estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana”.

Es claro entonces que la corrupción representa un obstáculo para el crecimiento de las empresas, sean públicas o privadas, porque aumenta los costos transaccionales, impide la libre competencia y el funcionamiento de los mercados, afecta la inversión y distorsiona las prioridades en el desarrollo de las comunidades; es un gran obstáculo para la democracia y el estado de derecho, pues en un sistema democrático, las instituciones pierden su legitimidad cuando se utilizan de forma indebida para obtener una ventaja personal, tergiversando los fines de su creación: servir y beneficiar al conjunto de ciudadanos. Sin embargo, en la búsqueda del llamado “bien común”, el poder se desvía para los intereses individuales, cometiendo el mayor acto de traición a sus principios y por lo tanto de corrupción.

Y finalmente, no podemos olvidar que también existe la corrupción social, y es la que contempla el accionar irresponsable de quienes componen la comunidad, que solo se preocupan egoístamente por sus intereses, sin importar que para lograr sus beneficios personales, haya una inmensa mayoría que resulte injustamente perjudicada.

Junio 3 de 2019

Author: Miguel Cordoba

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