El grito del gobernador

Camilo Romero, gobernador de Nariño
Foto: El Tiempo
El diario El
Tiempo de Bogotá, en su editorial de este lunes 24 de abril titulado “El grito
del gobernador”, analizó la situación que vive el departamento de Nariño.

Estas son las
reflexiones del editor del diario capitalino:
Pocas regiones
del país han sufrido con dureza extrema los avatares de la guerra como el
departamento de Nariño, una región próspera, de gentes de bien, con un
patrimonio étnico y cultural
que envidiarían muchos lugares de la geografía
nacional.
En Nariño
tienen asiento 1,7 millones de personas, el 10 por ciento indígena
; limita con
Ecuador, con acceso a las zonas montañosas de la región andina, variedad de
climas y una importante salida al mar Pacífico. Su ubicación, por demás
estratégica, permite el desarrollo de actividades agroindustriales a gran
escala, ganadería, pesca y explotación minera.
Paradójicamente,
este potencial ha jugado en contra del departamento
. Su riqueza geográfica ha
propiciado la conformación y asentamiento de grupos al margen de la ley,
llámense guerrilla o bandas criminales. La región ha sido catalogada por
organismos internacionales como una de las mayores productoras de coca en el
mundo y, según un informe publicado por EL TIEMPO, es epicentro de la minería
ilegal.
Con los
diálogos de paz entre el Ejecutivo y las Farc, las autoridades guardaban la
esperanza de que el sosiego y la tranquilidad al fin tocarían las puertas de la
comunidad nariñense. Infortunadamente, no ha sido así. El costo de años de
conflicto ha sido alto para la región, no solo en vidas, sino en
desplazamientos, reclutamiento, colonización forzada, despojo de tierras y
actividad criminal
.
Medios locales
han advertido –y los hechos parecen darles la razón– que la sola
desmovilización de las Farc no será suficiente para generar confianza
. La
presencia del Eln y de bandas dedicadas al narcotráfico tiene en la mira a la
Fuerza Pública y a los pobladores.
El hecho más
reciente son las protestas y bloqueos que tienen lugar hace un mes en Tumaco

–que se ha vuelto puerto predilecto de toda clase de mafias del narco y,
desgraciadamente, rodeado de unas 17.000 hectáreas de coca–, y que dejan como
saldo, hasta el momento, un policía muerto. Los cultivadores de esta planta que
participan en las marchas, aupadas según las autoridades por narcotraficantes,
también retuvieron a un grupo de policías, en claro desafío a la autoridad.
Con este
escenario, no es gratuito el llamado angustioso del gobernador Camilo Romero,
quien, en las páginas de este diario, reclamó hace poco la presencia del Estado
ante lo que viene sucediendo. Su frase es lapidaria: “El valor estratégico de
la región no lo ha entendido el Estado y sí lo entendió la criminalidad”
.
Un problema
complejo que se consolidó por años y que ahora urge atender con decisión, pero
con tino
. Hay raíces sociales que han propiciado escenarios que requieren una
estrategia que incluya, como sugiere el gobernador Romero, la sustitución
efectiva de cultivos de pequeños productores, con el apalancamiento del
Gobierno Nacional, y atacar de frente las grandes extensiones vía erradicación
manual.
Nariño –Tumaco
en especial– no puede quedarse solo en esta lucha
. El Ejecutivo lo sabe, ha
desplegados ayudas, pero no son suficientes. Hablamos de una región que ha sido
azotada por la violencia debido a que en ella han pelechado la coca y la
ilegalidad, pero que también le apostó a la paz, y por tanto no merece un
segundo capítulo de guerra fratricida.
editorial@eltiempo.com.co
Nota original:

Author: Miguel Cordoba

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