El perdón de Belisario

Columna Desde Nod
Por Alejandro García Gómez
 “[en mi
gobierno]…se presentaron situaciones inmanejables… O que manejé mal… Si las
manejé mal, les pido perdón a mis compatriotas por haberlas manejado mal…
Punto
”, habló con el sinuoso lenguaje de los políticos, finalizando con ese
“Punto” cortante, el expresidente Belisario Betancur (1982-1986) este 20 de
julio, y con esto nos sacudió el usual sopor veintejuliero de esa noche.

Sinuoso porque no precisó ni especificó la
equivocación. Y aunque no lo dijo, los colombianos sabemos que su máximo error
(¿delito? ¿crimen?) fue el tratamiento que le dio a la toma y retoma del
Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985
y la posterior aceptación de
su responsabilidad de los hechos ante el país, una semana antes de la tragedia
de Armero (13.XI.85), que con su lodo sepultó esta infamia. Existe al respecto
no sólo bastante documentación del asunto, sino también acciones de una lenta
justicia nacional, con trascendencia a la internacional, donde hay indiciados,
condenados y amnistiados. A pesar de sus años, en el curso del proceso, es
posible que el mismo expresidente deba ser llamado ante un tribunal
internacional, se asegura.
La madurez y el tiempo libre que nos traen la
avanzada edad, nos hacen reflexionar con más sabiduría, fruto quizá del temor
ante un futuro que, aunque nunca fue nuestro, se acrecienta cada día más a
sabiendas de que ya no participaremos de él
. Esto que nos ocurre a todos es
visible en mayor grado en quienes de alguna manera han sido personajes
públicos. Muchos se dedican a la oración o a las obras caritativas o a redactar
sus memorias o a otras similares, antes consideradas no rentables o
improductivas. El temor a ese implacable desconocido en unos, o el juicio de la
historia en otros, parece que renueva la vida del gusano de nuestro arrepentimiento
sobre el daño que pudimos haber causado a nuestros semejantes.
Ni el expresidente Belisario ni nadie escapa a
este sino de los mortales y quizá sea ese uno de los mayores acicates, entre
otros, el que lo movió a su solicitud de perdón. Estoy seguro de que el
arrepentimiento, condición humana intrínseca también, debe llevar al perdón, a
él igual que al resto, siempre y cuando conlleve acciones que lo vuelvan
confiable. Creo que los colombianos, aun aquellos que fueron víctimas de esa
infame acción por parte de la guerrilla del M-19 en la toma del Palacio de
Justicia primero y de su accionar en el mismo, y luego de los más altos mandos
gubernativos y militares del país en la retoma del mismo, estamos dispuestos a
perdonar, siempre y cuando sepamos la verdad de lo que allí ocurrió, no como
vindicta pública, sino sólo para que nunca jamás vuelva a suceder
. Sería otro
proceso de paz paralelo al de la Habana y al que posiblemente se lleve a efecto
con el ELN, y quizá lo complemente.
El expresidente debe empezar a contarnos su
verdad desde la altísima dignidad que ostentó
, la mayor de la nación. De ahí en
adelante todos deberán revelarnos lo que allí ocurrió, antes, durante y después
de la toma y la retoma. Después de conocer toda la verdad, se aplicaría una
justicia transicional de indulto o amnistía según los casos particulares, para
todos aquellos quienes tuvieron algo que ver en el horrendo crimen, con un
perdón histórico, aun para los amnistiados. Finalmente se acordaría con las
víctimas una reparación oportuna y efectiva, según la ley existente.
La oportunidad que tiene el expresidente con
la historia de su país es única
, después de haber dado el primer paso (ojalá la
siguieran el resto, antes de que los tribunales se los exijan). Nos negamos a
creer que sólo sea mera espontaneidad o calentamiento inocuo, salido  de su caletre. Él ha debido madurar -en
muchas noches de insomnio- la idea en su corazón y quizá supuso que era el
momento adecuado de decirla. La Justicia, las Víctimas y la Historia de la
Patria le exigen completarla. 29.VII.13
Este es un espacio de opinión destinado a
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Author: Miguel Cordoba

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