El Tambo cumple 436 años

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Panorámica de El Tambo
Foto: Municipios de Colombia

Por Jaime Rengifo Dávila

En medio de un gran regocijo, la comunidad tambeña celebra los 436 años de la fundación de su municipio, ubicado al norte del departamento de Nariño.

Las autoridades del municipio de el
Tambo, Nariño, encabezados por el Señor Alcalde Ingeniero Juan Pablo Barrera
Fajardo, la parroquia de el Tambo, a cargo del cura párroco del Santuario de
Jesús Nazareno, de la Policía Nacional, Cuerpo de Bomberos, Defensa Civil,
Personería Municipal, Juez y Fiscalía general de la Nación, Rectores, Docentes,
Estudiantes y Padres de Familia de las diferentes instituciones tanto del
sector Urbano como rural del Municipio, gremios de ganaderos, transportadores,
entidades del orden Nacional, Departamental y Municipal y Ciudadanía en general
del Tambo hoy 23 de enero están de plácemes por la llegada de la vida jurídica
de este municipio a 436 años de vida
.
La Historia de esta municipalidad
según lo contado en el libro verde de Quito, dice: “El Tambo fue fundado por el
indio Quillacinga Julián Chigua
. El vocablo “tambo” proviene de un término
utilizado por los Incas. Tambo significa “estadero para pasajeros”.
Muchos historiadores se han referido a esta población y con especial énfasis a
la venerada imagen de Jesús Nazareno de El Tambo.”.
Monseñor Mejía y Mejía, basándose en
el libro de Quito relatan lo siguiente:
Los tambos fueron
instituciones oficiales del “Plan vial” desde el tiempo de los Incas
.
Significan Aposentos, hospederías, posadas,
paradores. Diversos en su destino y aderezo de las chozas, de los chasquis o
correos “que había puestos por los caminos para llevar con brevedad los
mandatos del rey, y traer las nuevas y avisos que, por sus reinos y provincias,
lejos o cerca, hubiese de importancia”. Las chozas de los chasquis estaban
situadas a cada cuarto de legua; los tambos, en cambio, al fin de cada jornada
ordinaria, donde los viandantes, yentes y vivientes podían proveerse de lo
necesario para sí y sus cabalgaduras.”
Foto: David Bastidas

El Tambo pintado fue, pues, en sus
orígenes una de esas hospederías, que se adjetivó en esa forma o por el color
de la tierra donde se plantó o por otras características como pintura sobre
puertas y muros. Su existencia se remonta al 23 de enero de 1573, cuando el
cabildo de Pasto, en sesión de esa fecha, otorgó a Domingo Núñez “tierras
por el camino que va a Madrigal, como a ocho leguas de Pasto, cerca de un
peñol, con condición de edificar un Tambo para los pasajeros”
; alrededor
de él se fue paulatinamente formando la población. En 1713 existía una
población de indígenas, años después se traslada al sitio que ocupa
actualmente, no sin antes haber sufrido los terribles desmanes de los feroces
Sindaguas.

Durante la Independencia, El Tambo
se distinguió por su fervorosa adhesión a la causa de los patriotas
. Influyó en
ello, según se tiene entendido, el hecho de haber tenido por párroco al
presbítero Juan Ortiz de Horqueta, quien desde el primer día de los conatos
revolucionarios se mostró adicto a éstos, sufriendo por este motivo varias
veces, el extrañamiento del beneficio. En 1820 fue restituido la primera vez a
él, por auto de 4 de septiembre del obispo de Quito don Leonardo Santander y
Villavicencio. Pero cuando en 1821 todo el peso de la guerra se trasladó al sur
después de la batalla de Boyacá y la evacuación de Popayán, el ilustrísimo
señor Salvador Jiménez de Enciso y Cobos Padilla, obispo de esta última ciudad
residente a la sazón en Pasto, a solicitud del Gobernador realista de la
provincia don Basilio García, lo obligó a ausentarse de nuevo de la parroquia y
nombró en su lugar al presbítero payanés José Miguel Velasco.
Sintiéndose el presbítero Ortiz
injustamente tratado por la providencia de un prelado que no era el propio,
acudió al vicario juez eclesiástico de Pasto, doctor Aurelio Rosero, con un
razonado memorial en el que a la par que sincera su conducta pide se le
manifiesten las razones que hubiesen obrado en el ánimo del señor Jiménez de
Enciso
para tomar la providencia que él consideraba perjudicial a sus intereses
y vejatoria de su honor. Dice el memorial.
Parque La Libertad, en el centro de El Tambo

“A tiempo en que residía
tranquilo en mi beneficio cumpliendo con los deberes de mi ministerio con la
exactitud que es notoria, recibí una orden de usted, fecha 3 de la corriente,
en que me previene que pase inmediatamente a esta ciudad, remitiendo al mismo
tiempo al presbítero don José Miguel Velasco, de la diócesis de Popayán, para
que haga de cura excusador sin mi ausencia y con entendimiento. Un
procedimiento tan atropellado no pudo menos que sorprenderme y hacerme formar
el juicio que algún enemigo de los que no faltan a los curas párrocos que
cumplen con sus deberes, me había levantado alguna calumnia, pues examinando mi
conciencia, y teniendo la consideración sobre mis acciones no he encontrado un
motivo para tal procedimiento; sin embargo yo he obedecido rendidamente la
orden de usted y pasé inmediatamente a esta ciudad a presentármele como lo
verifique 7 días ha, que pertenezco en ella, privado de mi beneficio y de la
subsistencia que de él reporto para mí y mi pobre familia; y en todo este
tiempo no se me ha hecho saber manifestado legalmente la causa de haberme
arrancado de la residencia de mi curato: creo que según las prevenciones de las
leyes, y de la Constitución política de la Monarquía Española que nos gobierna,
se me hubiese confeccionado, y manifestado el delito que se me haya supuesto
entre el preciso término de 24 horas como expresamente lo ordena la
Constitución. Pero lo cierto es, que yo experimento la pena, sin saber cuál sea
el crimen que se me imputa
, y veo igualmente que, aunque se acaba de jurar la
Constitución no se cumple, y lo que es más el separar arbitrariamente a un
párroco de su beneficio sin informarle el cargo que causa su separación y sin
oírlo ni convencerlo.”

“Este procedimiento es muy
ajeno de lo establecido por nuestra legislación que nos gobierna: mi honor y mi
reputación se han traído por tierra, porque cualquiera que sepa cómo se ha me
ha arrancado de mi beneficio, es preciso que forma de mi un mal concepto, pues
esto no puede hacerse sin un previo delito de mucha gravedad”.
“Yo estoy, pues, en el caso de
procurar la conservación de mi buen nombre, y de vindicar mi honor de cualquiera
calumnia, con que se haya tratado de destruirlo, o de que se me impugna el
castigo correspondiente, si hubiese cometido algún delito, pues así lo exige la
vindicta pública: por tanto, debo exigir de usted el cumplimiento de lo que
ordena la Constitución, y las leyes en el asunto de que trato; y para ello le
suplico se sirva hacerme saber la causa que ha motivado la providencia que
usted tomó para que saliese de mi curato, y adelantarla como corresponde en el
modo y términos que ellas prefijan, pues así es de justicia la que mediante a
vuestra merced pido y suplico provea y mande como solicito con costas y jurando
lo necesario en derecho”.
Santuario de Jesús Nazareno

Como el señor Jiménez de Enciso era
el principal autor de la providencia, el vicario juez eclesiástico doctor Aurelio
Rosero sustanció el memorial anterior dándole traslado al dicho señor Jiménez
de Enciso, quien respondió el 12 de enero de 1821 en estos términos:

“La causa de haber exhortado el
obispo de Popayán al señor vicario eclesiástico de esta ciudad para que hiciera
venir al cura de El Tambo don Juan Ortiz, y se pusiese en su parroquia a otro
eclesiástico de confianza, fue porque el señor gobernador de la provincia y
comandante accidental don Basilio García le ofició para que promoviera el que
se quitase de su parroquia a este cura, por cuanto por varias denuncias que
había tenido era perjudicial su residencia allí pues la recolección de gente
que se estaba haciendo para la defensa del punto de la Guasca, y en virtud de
que en las críticas la seguridad y tranquilidad pública, se le hizo venir a
esta ciudad, sin imponerle arresto ni prisión alguna que sé en el caso en el
que la sabia constitución de la Monarquía Española Manda el que se le notifique
al reo la causa de su prisión
, y demás formalidades que tan sabiamente
establece: a favor de esta medida de precaución está el que fue condenado a
Quito en tiempo del señor Montes; es también falso el que se le haya dejado sin
tener con qué sostenerse, pues, el señor vicario le asignó la mitad de la renta
de su curato para su subsistencia, y la de su familia. En el año anterior al
mismo obispo de Popayán dio parte a su prelado de lo sospechoso que este
eclesiástico era por los informes que universalmente todos le hicieron, y SÍ.
Le contesto que lo quitara del beneficio y lo suspendiera, y por una medida de
equidad se contentó con separarlo de él, sin suspenderlo, sin saberse con qué
autoridad ha vuelto a su curato. Últimamente de todo se le da cuenta al señor
obispo de Quito en este correo y como su legítimo prelado dispondrá lo que
fuese de su superior agrado para el mejor servicio de la Nación y del Monarca,
por lo que deberá permanecer en este pueblo hasta a la resolución del SÍ. Ante
quien deberá vindicarse (F. Salvador, Obispo de Popayán.”
De existir el martirologio
patriótico de los nariñenses, el presbítero Juan Ortiz ocuparía lugar de
precursor al lado de sus Che- hermanos Ramón Ordóñez y Nicolás Zambrano
,
quienes tachados de activos simpatizantes de los revoltosos revolucionarios
desde muchos meses antes de 1814, cuando Antonio Nariño atacó infortunadamente
la ciudad de Pasto, pues aun cuando fue nombrado cura propio de El Tambo
precisamente ese año, a los pocos días fueron extrañados a Quito. Regresó más
tarde a su beneficio, pero para ser objeto de nuevas sospechas y de medidas más
severas contra su tranquilidad personal y el normal ejercicio de su ministerio,
sin haberle sido dado encontrarse frente a él ni siquiera doce meses arreo.
Finalmente, al tornarse la situación política favorable a sus antiguas convicciones,
esto es en 1824, dejó de ser de esta presente vida.
La feligresía de El Tambo con razón
de huelga, por la devoción de Jesús Nazareno que atrae a su magnífico santuario
incontables romerías de dentro de Colombia y de fuera de ella
, ávidos de
postrarse ante sus divinas plantas heridas para ser mirados con largueza de
misericordia por sus divinos ojos tristes. Tan portentosa imagen remonta, por
lo menos, a mediados del siglo XVIII, época en que los artistas quiteños
tallaron sus mejores obras sobre los diferentes pasos de la pasión de Cristo
nuestro señor.
Imagen de Jesús Nazareno

En 1821, los señores Juan Manuel y
Bernardo Jaramillo para recorrer varias parroquias en demanda de limosnas
destinadas “al mayor culto de la sagrada imagen de Jesús Nazareno, con la
advocación de El Tambo, y colocada en la iglesia del pueblo nominado “El
Tambo Pintado
“. (Hacía entonces de síndico de la imagen don Melchor
Guerra), quien recibió de los Jaramillo la suma de 87 pesos con 4 reales,
reunidos en una corrida de tres meses.

En 1828, el doctor Aurelio Rosero,
vicario juez eclesiástico de la ciudad de Pasto y su jurisdicción, concedió de
nuevo licencia a los ciudadanos Francisco López y Juan Manuel Jaramillo para
que pidiesen limosna en todo el territorio de la vicaría por el espacio de
cuatro meses, con destino a “construir una sagrada iglesia en la parroquia
de El Tambo Pintado, en donde se coloque la sagrada imagen de Jesús Nazareno
,
con la advocación del señor del Tambo, y otras sagradas imágenes que se hallan
con su iglesia que a más de ser reducida, ofreciendo pronta ruina, por lo que
se ha suplicado su párroco se le conceda esta licencia, pues se halla
fervorosamente emprendiendo en tan santa obra”, para cuyo santo fin se
suplica, ruega y encarga a todos los señores curas y jueces, comprensos en esta
vicaria de mi cargo, no ponga embarazo alguno a tan piadosa solicitud, y antes
si exhorten y animen a sus parroquias a que concurran con aquello que les dice
su devoción, cuidando y celando que dichos limosneros, no concurran a bailes
juegos no otros actos inhonestos, que a más de ser ofensa a Dios, defraudarán
las limosnas que se les dé. Teniendo presente los dichos limosneros de
presentarse en esta vicaria o a nuestro notario el día que se cumpla el término
estipulado con esta licencia y todo lo que hubiese recogido bajo juramento para
que lo tome el cura o el personero de la obra, bajo de recibo para descargo de
ello en la cuenta que deberá rendir de su inversión”.

Tomado del libro. “Jesús Nazareno de El Tambo. La
fe de un pueblo peregrino.” Del periodista Jaime Arturo Rengifo Dávila.

Ubicación del municipio de El Tambo

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