Hay que fortalecer el espíritu de la revolución social

Endulzando las
palabras

Por Iván
Antonio Jurado Cortés
Hace décadas
Tumaco era conocida a nivel nacional e internacional por la proeza de sus
deportistas
, especialmente futbolistas en todas las especificaciones, que
siempre engalanaron con su innata alegría y gambeta las mejores contiendas
deportivas donde quieran que se presentaran. Pero antes, también fue un eje
central de comercio de tagua, coco y otros productos tropicales, siendo el
fuerte de la economía nariñense.

El susurro del
oleaje, los vientos de occidente y el tallado de sus manglares, fueron bastiones
de orgullo y cuna de su noble folclore; madre de deportistas, tierra de
escritores y poetas, que con su romántica y delicada canción intentan
entretejer lo más sensible de la túnica verde de la prometedora esperanza.
Aunque las sirenas de la muerte se inserten en la cultura, la dignidad del
tumaqueño prevalecerá hasta encontrar el horizonte extraviado
.
De esa tierra
del hombre bueno, como traduce ‘Tumatai’, casi no queda nada
. Como si fuera una
maldición la que afrontara la ‘Perla del Pacífico’, todos sus atributos hoy se
han invertido, permitiendo que la desidia y afán por lo ajeno embarguen los
corazones y las mentes hasta de quienes portan la esperanza de los ancestros
tumaqueños. Ese mandato, prioridad para sus fundadores, hoy se trasgrede paulatinamente,
conllevando las ilusiones a una rutina por el limbo de lo inexplicable.
No se puede
desconocer que el desorden sociopolítico empieza por casa. Es inentendible que
la gente insista en elegir gobernantes que fácilmente sean tentados por la
ambición y mafias, traicionando el interés popular, hechos que se traducen en
apatía y desconfianza de los mismos electores. No se queda atrás la
responsabilidad de los gobiernos departamentales y nacionales quienes intentan
fraccionar la violencia con paños de agua tibia
, coadyuvando a la
profundización de un conflicto que lastima a buenos y malos, con la diferencia
que el bandido siempre está a la defensiva, mientras los nobles adolecen de
protección convirtiéndose en presa fácil de cañón.
Los reiterados
incidentes como voladura de torres eléctricas y oleoducto trasandino, se suman
a otras tragedias como el desbordante desempleo que supera el 80%, atendido
peligrosamente por el narcotráfico, flagelo que sutilmente hurta la vida de
cientos de morenos de ‘pelo quieto’, dejando a su paso desolación y
desesperanza. Es aterrador escuchar frases como, “aproveche mijo su cuarto de
hora, de lo contrario llega la ‘pelona’ y se lo carga sin haber disfrutado”
,
corroborando la petrificación de una cultura mafiosa que socaba la legalidad y
conlleva a la pobreza integral de los hijos del mar.
No queda sino
fortalecer el espíritu, pero el de la revolución social
, con el objeto de
engendrar anhelo de un mejor vivir. Este puerto con envidiable ubicación,
obliga a la sensatez ética, social, económica y cultural a salvaguardar lo más
preciado del ser humano, la dignidad, única herramienta para romper el
paradigma de la mala hora. Por esta época muchos candidatos presidenciales
arriban a la costa llevando discursos de ‘esperanza’ a sus pobladores, la  mayoría sin hacer un análisis concienzudo de
la real situación de la isla.
Pero lo irónico
es escuchar a muchos tumaqueños defender posturas requeteprobadas cómplices
directas del debacle costeño. Aunque los aspirantes nunca han sido presidentes,
muchos de ellos provienen del mismo grupo que ha gobernado al país por años,
garantizando desde ya que sus pupilos van por el mismo sendero, el que es
trazado desde el corazón empresarial. Porque la consigna es clara: primero
cuidar los intereses capitalistas luego atender las necesidades del pueblo
.
La última
marcha realizada en Tumaco prueba la urgencia de los habitantes de frenar la
violencia en todos sus sentidos
. Un pueblo que en este periodo constitucional
lleva dos alcaldes destituidos y un lastre de ser el municipio más corrupto de
Colombia, muestra su desespero por tantos vejámenes y exige al país y al mundo
volcar las miradas solidarias con efectiva correspondencia. Sarcásticamente la
tierra de los ‘tumatais’ hasta la fecha solo es una rampa de aterrizajes de
funcionarios de todos los calibres, portadores de chalecos e insignias
públicas, carentes de responsabilidad, compromiso y solvencia.
El incremento
de fuerza pública y arrecio de las agrupaciones narcotraficantes ponen más
candente el ambiente, provocando absoluto caos y zozobra en los moradores. No
sé qué espera el gobierno para empezar a atacar de raíz estos factores bélicos
,
donde las causas están claras, lo que no lo están son las acciones
institucionales, simplemente se camuflan en culpabilidades secundarias, que
nunca facilitaran la recuperación de la comunidad costeña.
Domingo, 29 de
abril de 2018

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Author: Miguel Cordoba

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