Indignados: ¿Revolución “clase media”?

Desde Nod
Por Alejandro García Gómez
Stéphane Hessel (judío nacido en Berlín, 20.X.1917, hoy ciudadano francés) en 2010 publica un brevísimo libro -“Indignaos”, lo traducen los españoles- que inmediatamente se convierte en best seller con más de 1 millón y medio de copias vendidas. Pienso que la manera personal y dramática de abordar el primer renglón de su breviario (“Después de 93 años, estoy cerca del final. El final para mi ya no está muy lejos. Pero todavía permítanme recordar a otros que…”, según una de sus traducciones), seguida por la manera casi anecdótica con que prosigue el desarrollo de su análisis histórico y su propuesta, recursos novelísticos todos, enmarcados dentro de su paradigmática vida de resistencia a la injusticia –fue torturado por la Gestapo- y su apego a la libertad y al Derecho Humano –participó en la Declaración Universal de los Derechos Humanos-, fue quizá una de las bases del “éxito” editorial. Pero de ahí a que miles de personas lo convirtieran en su evangelio actual no se explica solo y pueden existir una cantidad de elementos, de los cuales expondré los que alcanzo a vislumbrar.
La Clase Media en las sociedades socialistas y comunistas vino a jugar el mismo papel que en las democracias capitalistas: sostener los sistemas políticos, es decir, a los dueños del poder, a los manipuladores de la economía. Los descalificantes calificativos de Marx, se debieron a que no alcanzó a observarla en el enfrentamiento Capitalismo-Comunismo de la segunda mitad del siglo XX. Para él no existía Clase Media, sólo Capitalista y Proletaria, por sus intereses particulares. Hoy se puede decir que las clases medias son el colchón que mitigan los golpes de las contradicciones de cualquier sociedad, en metáfora rústica. Si el colchón es amplio hay más amortiguamiento, si lo contrario el golpe del choque será mayor. ¿Es eso lo que pasa con los Indignados, con el problema de Londres y el Reino Unido, con el resto y los que vendrán? Veamos.
El Capitalismo, convertido en Imperialismo, se transformó en Neoliberalismo en la década del 90 con el Consenso de Wáshington, como respuesta gringa a los documentos Santafé I y II, frente a la imposibilidad del pago de la deuda externa del tercer y cuarto mundo, Latinoamérica incluida. Las características con que nació fueron: apertura completa de las economías a los mercados y al capital internacional, recorte del gasto público y eliminación de los subsidios sociales, privatización de las empresas estatales y, en general, el establecimiento del clima más propicio para la inversión extranjera. Al comienzo, esto rindió sus frutos y se vieron sociedades aparentemente boyantes. ¿Cuál roca rompe el espejismo? El último detonante fue la estúpida guerra contra Irak, un cínico montaje del círculo íntimo de George W. Bush, quien se benefició. Pero el hecho viene de antes. Las transnacionales se empiezan a apoderar de los Estados. Las decisiones de las dirigencias de las naciones no son autónomas y nuestros gobiernos son fachadas para saciar sus insaciable apetito y, una que otra vez, legitimar la voracidad de sus conflictos. Quien es parte de un gobierno hoy, mañana pasa la puerta giratoria de un jugoso empleo de la empresa transnacional a la que benefició, que para ella es una migaja invertida en negocios. En la práctica son esas empresas quienes gobiernan el mundo de hoy (¿confianza inversionista?). Y al recortar gasto público y suprimir subsidios, la gran clase media se achicó, se adelgazó y se asfixió. Pero ahora es una población más y mejor ilustrada, que cuenta –además de su ira y angustia- con el poder de convocatoria de la moderna comunicación: el Internet y las redes sociales.
A la ilustración, a las redes, al desencanto del fracaso neoliberal, a la ira, a los sálvese quien pueda de los gobiernos fuertes, a los angustiosos no nos dejen solos de los menos fuertes, al caos de EU, se une otro elemento: sólo desde una parte de la primavera hasta parte del otoño, el clima les permite el plantón. ¿Lograrán la revolución los indignados?
Nota.- Urge semáforo a los deportistas del comedor de la Villa Olímpica en Obelisco.

Author: Miguel Cordoba

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