La fotografía, los vídeos y la memoria de los pueblos

Por Jorge Dueñas Romo
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Desde sus primeros pasos por allá a mediados de siglo XVI a cargo de Joseph Nicéphore Niépce, la fotografía se constituyó como una herramienta para inmortalizar momentos, historias, personas… en fin, cada instante de la vida que pudiera ser captado a través de un lente; posteriormente, culminando el siglo aparecieron los primeros vestigios de lo que conocemos como cine a cargo de los hermanos Lumiere, las dos figuras han sufrido un sinfín de cambios y avances con el trascurso de los años, sin embargo, no han perdido totalmente su esencia.

La fotografía especialmente ha tenido una inmensa significación guardando momentos de historia, bien sea porque resultaba de más fácil acceso o uso o por otras razones, lo cierto es que es más común encontrar registros fotográficos que fílmicos, que se hacían en otros tiempos de las distintas festividades que representaban momentos de gozo y sosiego para sus participantes, sentimientos que se guardan en el lente del fotógrafo y luego se imprimen para ser recordados por quienes en ellas aparecen o por los que gozan de rescatar pedazos del pasado, de ver personas y lugares que ya no están porque nada más gratificante para el ser humando que su memoria sea preservada, pues bien dicen que morimos el día en que se nos olvida.

Bien lo describe la sandoneña Daniela Lizeth Gómez Realpe, citando al reconocido sociólogo Pierre Bourdieu, en un bellísimo trabajo de grado denominado: “Imágenes fotográficas y narraciones en el contexto festivo del centro urbano del municipio de Sandoná: 1970 – 2010”.

“Para este caso, “no es, pues, casualidad que la significación y la función sociales de la fotografía aparezcan más claramente en una comunidad rural fuertemente integrada y ligada a sus tradiciones campesinas sus ritos, costumbres y festividades se ven manifestadas en las imágenes fotográficas y son funciones de la significación social de la fiesta como tal”.

Ahora bien, le damos más valor a fotos de años pasados, en primera medida porque el mismo transcurso del tiempo ya las ha llenado de nostalgia y también porque sabemos que estas fotografías y vídeos de singulares eventos, festividades y demás, como objetos, son pocos, no es algo que resulte de fácil obtención porque las tecnologías eran distintas, el acceso a esas tecnologías especialmente en los pueblos no era algo que resultará fácil de obtener, sumado a que el tiempo que como todo lo sana también destruye, ha hecho que se pierdan infinidad de estas pequeñas historias impregnadas en papel de distintos tamaños. De ahí que surja la importancia de conservar con sumo cuidado estos elementos y en lo posible transferirlos a los medios digitales. Por otro lado, tenemos que la actualidad ha traído consigo muchísimas facilidades en lo que a fotografía se refiere, podemos tomar cientos de fotografías en un solo instante y todas pueden ser debidamente almacenadas, trasladando la relevancia de la fotografía no a la captura del momento como tal, sino a la belleza estética con que se tome. Por supuesto es una visión completamente subjetiva.

Y bueno, lo anterior nos trae a la necesidad de mostrar la labor del reconocido líder comunitario de la Vereda San Francisco, Don Juvenal Melo, quien, lleno de ese deseo por preservar una imagen y así las memorias de los residentes de la mencionada vereda, pues él así lo manifiesta cuando dice “se trata de que quede un recuerdo”, en el año de 1999 se dio el trabajo de ir de casa en casa con un acompañante cargando una cámara de filmación, retratando a sus habitantes; sus dichos, una parte de sus costumbres, de sus vidas en la dinámica del bello campo, lo que hace del vídeo consolidado una joya cultural de valor incalculable.

Ver el vídeo en la actualidad representa llenarse de nostalgia pues muchos de sus personajes ya no nos acompañan en la vida terrenal, también es una muestra de cómo el campo colombiano poco a poco se va quedando vacío a consecuencia del abandonó estatal y la ilusión de la capital. Este ejercicio debió y debe repetirse a lo largo y ancho de las veredas y corregimientos de Sandoná para salvaguardar los recuerdos de los que con amor y trabajo forjan su vida en medio de las plantaciones, los animales y la tranquilidad.


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Author: Miguel Cordoba

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