La rebelión de esclavos

Endulzando las palabras
Por Iván Antonio Jurado Cortés
Al inicio del siglo XVI empiezan a
llegar los primeros negros esclavos al continente americano, consecuencia de
una actividad que florecía para proclamarse como el mejor negocio de los
europeos
, de hecho que fue uno de los más lucrativos por décadas.

Después de tanto tiempo de haber
sucedido este inolvidable suceso que marcó para siempre la historia de la
humanidad, hoy, nos ufanamos diciendo que este fue un acto delictivo e
indignante que va en contra de cualquier sociedad civilizada. Pienso que en algún
momento así fue; es más, me equivoque cuando pensaba que la esclavitud se había
abolido. Sin embargo, el tiempo ha dado la razón y la seguirá dando si los
modelos políticos y económicos de algunos países, como el nuestro no cambian
.
Colombia, geográficamente ubicada en
un punto estratégico de interconexión con el resto de países suramericanos, fue
la puerta de entrada y testigo de los invasores que saqueaban y comercializaban
con humanos como si fueran mercancías
. Con el “Grito de Independencia” engendrado
el 20 de julio de 1810, apenas empieza una tortuosa lucha en pro de la libertad
latinoamericana.
Este proceso fue efímero si lo
comparamos con la visión de los protagonistas de aquella época libertaria.
Ellos siempre pensaron que el sacrificio, incluyendo sus propias vidas iba a
servir para asegurar una verdadera libertad y bienestar para sus compatriotas,
lamentablemente no se viene cumpliendo con ese mandato patriótico.
Con la implementación arbitraria de
un sistema neoliberal, arranca una profundización de los problemas
socioeconómicos. Es el inicio de un demoledor proceso que optó por la formula
salomónica y fue afectar a las clases menos favorecidas, fue así como surge la
destructora idea de la privatización de la salud
, contradiciendo lo que siempre
se ha pregonado, “la salud es un derecho” y debe ser gratuita. Actualmente la
salud es uno de los negocios más rentables que existe en la sociedad del
corazón de Jesús.
Igualmente la educación, también
responsabilidad del Estado, se ha convertido en una obligación del pueblo y a
costos desequilibrados para muchos ciudadanos
. En este orden siguieron otras
como la privatización del 95% de las empresas estatales, originando el despido
masivo de trabajadores a su suerte. El derecho al trabajo, es un estribillo,
actualmente con una tasa de desempleo que sobrepasa el 20%, que hábilmente los
gobiernos maquillan como trabajo informal.
En cuanto a la informalidad, hoy se
calcula que el 50% de la población productiva hace parte de este sistema. El
sector agropecuario no se queda atrás, el 80% de tierras fértiles y productivas
se encuentran en manos de un escaso 0.06% de colombianos
, limitando
drásticamente la actividad agraria.
Las exenciones a grandes
terratenientes y empresarios son sinónimo de gobiernos elitistas cuyas
políticas van acorde a la necesidad de la clase burgués
, esa que en la práctica
impone los mandatarios con directrices claras y precisas, sin importar para
nada el sentir popular. Las proyecciones económicas del actual régimen recaen
sobre la vulnerabilidad de la gente del común.
Lo del ministro Carrasquilla, no es
casualidad gubernamental, es un prototipo oportuno para un sistema que anhela
mantener una esclavitud disfrazada
que con el paso del tiempo se ha convertido
en una ‘mina de oro’ donde sin pudor alguno se explota para saciar caprichos de
astutos oligarcas.
La problemática nacional no es
consecuencia del gobierno actual o anterior, es resultado de un sistema
presidencialista decadente
que absorbe cualquier vestigio de equidad y libertad
progresista. Nadie puede ocultar que la mayoría de la población colombiana  sufre permanentemente los azotes de un
régimen que claudica abruptamente las oportunidades de la clase obrera y menos
favorecida.
Las recientes protestas
estudiantiles y las gremiales que se avecinan son esencia natural de una
estructura estatal fallida. Las políticas asistencialistas no podrán contener
la puja de quienes desesperadamente exigen mejores condiciones laborales y
sociales. Es una rebelión de esclavos modernos que insisten intermitentemente
en quitarse las cadenas de la opresión
.
Lo anterior se resume en una
subyugación, producto de una actitud persuasiva, que ha conllevando al
colombiano del común a un estancamiento integral de sus derechos y necesidades.
Domingo, 4 de noviembre de 2018

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Author: Miguel Cordoba

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