Las campanas del santuario de Ancuya

Rincón literario
Por Irma Zambrano
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Las campanas fueron utilizadas por la iglesia desde la edad media, con el objetivo de transmitir un mensaje de oración para alabar a Dios; motivo por el cual en sus principios fueron conocidas como “bronces sagrados”.

La palabra campana significa “compañía” tuvo sus inicios en la ciudad de Nola Italia, región famosa porque muchos de sus habitantes eran capacitados para realizar fundiciones en bronce.

A partir del siglo XII empiezan a aparecer las campanas en bronce de mayor tamaño como también las normas litúrgicas para poder utilizarlas.

Después del concilio de Trento, se fijó como requisito solemne que las campanas para poder hacerlas sonar debían recibir la bendición por parte del clero.

El objetivo del sonido de las campanas era: ahuyentar los espíritus malignos, alejar las tormentas, calamidades, pestes, peligros y aumentar la devoción de los fieles.

Para la ceremonia de bendición, los obispos o el sacerdote autorizado, debía congregar al pueblo, especialmente a los padrinos o sacristanes que serían los encargados de hacer sonar las campanas, quienes debían ser consagrados antes de la bendición.

El obispo o sacerdote hacía una cruz grande sobre la parte interna del bronce y siete cruces en el exterior alabando a Dios mediante oraciones, ya bendecida la campana se procedía a colocarle un nombre, generalmente el nombre de un santo o el patrono de la parroquia.

Esta bendición se llamaba bautizo y era acompañada de padrinos quienes se comprometían a velar por el buen uso y mantenimiento de las mismas.

Acto seguido se les aplicaba incienso, recitando una oración pidiendo protección divina. Terminada la ceremonia el obispo o sacerdote encargado de la bendición le daba el primer toque a la campana para informar al pueblo que había terminado el ritual.

Las campanas únicamente debían ser manipuladas por la persona elegida por el sacerdote, que podía ser el sacristán o un miembro de su familia debidamente consagrado y capacitado para el manejo de acuerdo a las normas establecidas.


Las normas del ritual en el uso litúrgico de las campanas fueron aprobadas en las parroquias y las Diócesis en el año de 1892.

En 1896, siendo párroco de Ancuya, el presbítero Diositeo Insuasty, informó a la comunidad ancuyana, la necesidad de adquirir unas campanas para el templo, solicitando ayuda a todos los feligreses entre ellos los hermanos María y Alfonso Chávez quienes colocaron su ofrenda económica por un valor de 20 pesos, estas personas eran nativas de Carlosama pero radicadas en Ancuya.

Las dos campanas fueron elaboradas en la ciudad de Túquerres, por extranjeros expertos en la fundición de metales, estas fueron amalgamadas en oro, estaño y bronce; por eso su sonoridad era inconfundible y se las escuchaba a varios kilómetros de distancia. En ellas quedaron grabados los nombres de cada una, la fecha y el nombre del lugar donde se las adquirió.

Días más tarde desde la ciudad de Túquerres fueron traídas las dos campanas a lomo de mula hasta Ancuya, para su recibimiento un grupo de señoras, formaron coronas con hojas simbolizando una corona de laurel y les colocaron sobre las sienes de las personas que voluntariamente fueron a traer las campanas.

Siendo obispo de la Diócesis de Pasto monseñor Fray Ezequiel Moreno Díaz, autorizó al párroco Diositeo Insuasty, para que realice la bendición y bautizo de las campanas para luego ser colocadas en el templo, donde desde la antigüedad se venera la imagen de Nuestra Señora de la Visitación.

La campana más grande fue bautizada con el nombre de Nuestra Señora de la Visitación, la cual tuvo su respectivo padrino. La campana más pequeña fue bautizada con el nombre de “San Pedro y san Pablo,” campana que tenía un sonido más claro.

Durante los años 1962 a 1966, período en el cual se encontró como párroco el presbítero Higinio Rodríguez Yela, compró otra campana y se la bautizó con el nombre de “El niño Jesús” la que era manejada por los acólitos de la época.

Antiguamente las campanas fueron un medio de comunicación siguiendo las normas litúrgicas de la Diócesis de Pasto; en ellas se hacían toques a vuelo, toques fúnebres, de alarma o emergencia.

El toque a vuelo era utilizado para la celebración de la santa misa del día domingo, los jueves para el rezo del santo Rosario y exposición del santísimo. También se utilizaba este toque para anunciar la muerte de un niño menor de siete años o la llegada del obispo y visitas pastorales.

Los toques fúnebres se utilizaban cuando fallecían personas importantes de la región, repique que iniciaba desde que el féretro salía desde su casa hasta la llegada al cementerio.

Los toques de alarma, se utilizaban cuando había emergencias como incendios o accidentes.

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Author: Miguel Cordoba

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