“México lindo…”, Avianca insólita

Columna: DESDE NOD
Por Alejandro García Gómez
-Señores pasajeros, hemos llegado al aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México –escuchamos desde el altavoz del avión.
Para mi primer viaje a ese país, fue sorprendente la casi media hora que transcurrió entre este anuncio y el aterrizaje. Desde el aeropuerto hasta nuestro hospedaje fueron dos horas y pico. Así es todo allí. Muchas veces es más tiempo, incluso con sus avenidas de segundo piso. Para unos 26, para otros 28 millones de habitantes. La Villa Guadalupana: hordas de turistas y peregrinos. Ventas de todo. Después de comprados, bendiciones de los objetos de culto desde una gran tarima al aire libre, como la de un teatro. Agua bendita a todos. Las calles cerca del Zócalo: preciosa línea arquitectónica. Xochimilco: el romance, el turismo y la creatividad mexicana del rebusque.
Luego Jalisco: la bella Guadalajara, los charros (aún los hay; viven en sus ranchos, porque serlo es una condición mental antes que externa; refinado machismo), la acentuada religiosidad (fue el epicentro de la Cristíada callista de 1927), la amabilidad y generosidad de sus habitantes. En ciudades pequeñas como Tepatitlán y otras (150 mil habitantes o algo menos o más) no hay semáforos. Se respeta el uno por uno para el paso de los carros en las esquinas: sagrado deber y derecho. Pulcritud y limpieza como todo el país. Quizá por ser en su mayor parte plano, hay muchas autopistas de dobles calzadas con dos o tres carriles con pago de peaje y muy buenas y amplias carreteras asfaltadas libres de pago, más o menos paralelas a las autopistas, como en Europa. Repetidos nombres de ilustres y eventos en las calles de ciudades y poblaciones.
La violencia: a mi parecer hay una estrategia (a largo plazo) con tácticas macabras planeadas y ejecutadas por los narcos, mostrando una faz  (falsa, claro está) de rebelión política antiestatal que los justifique y legitime (bandidos como los Zeta o similares): arrodillar al Estado por medio del terrorismo, como lo pretendió Pablo Escobar (y de alguna manera lo logró largo tiempo). No se detienen ante nada: en uno de los estados del norte, están extorsionando a los maestros por su prima y sueldo navideños; si no hacen caso amenazan con bombas en sus escuelas o colegios y muerte para esos profes o secuestro a sus familias. Y claro, todo dentro del escenario de inmensa corrupción dejados por los 70 años de gobierno del PRI y prolongada en el PAN.
A nuestro regreso en Rionegro, lo insólito. Mis lectores han visto que no aprovecho esta columna para mis reclamos, pero ahora, por lo que les pudiera ocurrir a otras personas, lo hago. Al recibir nuestro equipaje, llegó incompleto. Había muchos, muchos, viajeros en iguales condiciones. Esperamos y el nuestro llegó en un posterior vuelo. No así el de muchas, muchas, personas que venían de vuelos internacionales con conexión nacional, como nosotros, no sé si de la misma aerolínea. Alguien manifestó que en los vuelos de conexión que llegaban en la noche era más o menos usual este incidente. Al examinar la maleta extraviada, tenía un daño en uno de sus agarraderos. Las anteriores valijas estaban bien después de nuestra revisión.  Sin salir del recibidor de equipajes, y a las 11:10 pm, más o menos, de este 29 de noviembre, me acerqué al funcionario encargado de la revisión en la puerta, John Zapata según me dijo, y le expuse mi caso. Me contestó que la norma era que por daños “mínimos” (si se sigue usando se dañará del todo, pero según él era mínimo daño) no respondía la aerolínea. Le pregunté por su jefe o similar. Me envió donde el señor Iván de Jesús Ospina Cardona, que de una vez me envió donde el señor John Fredy López, quien tenía la potestad para solucionarme el asunto. El señor López me manifestó que no podía admitir el reclamo porque era un daño mínimo (nuevamente). Que reclamara donde había comprado la maleta. Que en esa marca de maletas ya habían tenido los mismos percances por falta de no se qué “estructuras”. Finalmente me dijo que me responderían si hubiera llegado sin el carro o sin la manija (que es lo que posiblemente, con el uso, va a seguir si no se arregla), o deformada o rota. Que no me responderían por nada.

Insólito en una empresa tan grande, internacional e importante como Avianca donde, justo es decirlo, se viaja muy bien. 04.XII.10 [email protected]

Author: Miguel Cordoba

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