Mi viaje hacia Consacá

Rincón consaqueño
Por José Rodrigo Rosero Tobar
roserotobarjoserodrigo@gmail.com

Los viernes de cada semana y después del desarrollo de mi semana laboral, me desplazo desde la ciudad de Pasto hasta mi pueblo natal, viajando de pasajero en camionetas no muy cómodas que abarrotadas de pasajeros y agrupadas en una empresa no muy recomendable, realizan el recorrido de manera habitual, sin cumplir horario sino cuando el vehículo ha cumplido con su cupo y algo más, combinando una buena atención con un pésimo servicio personal, lo que ha logrado el descontento general.

Esta vez, ocupo una tabla que cumple funciones de silla, que se ubica más allá de la última banca del vehículo que nos transportará. Por las anunciadas fallas del automotor antes de iniciar el recorrido, lo que acatamos sin protestar, se desplaza penosamente por las vías que nos llevan hasta mi pueblo ancestral.

Íbamos cinco pasajeros, sumadas a las del cupo de la cabina llena en su totalidad, en el que llaman baúl de la camioneta que por turno nos ha correspondido abordar. Una niña que, a pesar de cubrir gran parte de su rostro con un tapabocas, reflejaba su belleza sin igual; un pasajero en silencio se desentendía de todo cuanto sucedía a su alrededor y dos compañeras más que se encargaron de iniciar un diálogo de esos que no se sabe porque de su razón de ser ni porque de un momento a otro acaparan la atención general.

La niña compartió sus logros educativos con una aparente inocencia angelical, mientras las compañeras casuales de viaje no disimulaban sus vivencias y las comentaban como algo natural, pues mencionaron que iban hasta un lugar de esos que dicen los puritanos de reputación no muy moral, mencionando que al contrario de otros, ellas se llevaban la plata del campo a la ciudad y comentando alucinantes historias acaecidas con sus amores de casualidad.

Cerca de llegar a nuestro destino, por las averías que nos había advertido, el vehículo realizó un desvío inusual y, después de algo más de una hora de viaje terminó nuestro martirio, perdón llegamos a nuestro destino final.

Consacá, 09 de septiembre de 2022

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Author: Miguel Cordoba

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