Nariño por fuera del proceso de paz de La Habana

 Por Mario Fernando Cepeda Bravo

Twitter: @mariocepedabra
No más guerra. Es de sentido común desear la
paz para Colombia y para Nariño. Sin embargo, hoy es preciso manifestar nuestro
desacuerdo con las estrategias usadas para alcanzarla. Después de un año de
negociación existe preocupación por parte de la sociedad nariñense en general,
sobre este proceso. No pedimos suspender el proceso sino más bien, buscamos que
éste deje de avanzar haciendo caso omiso a las necesidades de los contextos
regionales
.

Hablar de paz desde Bogotá o desde La Habana
es muy distinto a hacerlo desde las realidades propias de las regiones,
especialmente la que se vive actualmente en Nariño. Sentir el conflicto dista profundamente de
estudiarlo en los libros escritos sobre violencia en Colombia. Por esta razón,
hacemos un llamado muy sentido de alerta sobre lo que ocurre en el sur.
Es muy claro que la dinámica del conflicto
colombiano se ha ido transformando hacia la fragmentación jerárquica por parte
de los actores del conflicto. La guerra se concentró y sigue agravándose en las
regiones más apartadas del país por razones estratégicas tales como el
aprovechamiento de corredores de movilidad, su financiación a través de
actividades de narcotráfico y  la
ocupación de territorios fronterizos como lugares de retaguardia y de
provisión. Estas nuevas guerras se caracterizan por comandos descentralizados y
con autonomía local. Debido a esto, el suroccidente colombiano ha sido una de
las regiones donde se ha concentrado y agudizado el conflicto con mayor
intensidad. Nariño y principalmente la costa pacífica, está padeciendo la
violación a los derechos humanos que se han mantenido y agravado en los últimos
meses
. Esto obliga a pensar en el replanteamiento de las estrategias para la
consecución de la paz.
La estrategia de terminación del conflicto por
parte del gobierno nacional está muy lejos de la lógica de la guerra que vive
nuestro país, construyendo la paz sin los actores generadores de conflicto,
bloque sur y bloque Alfonso Cano que hace presencia en Nariño y sin la sociedad
civil victima en nuestros territorios
. Con este panorama, la guerra de Nariño y
por tanto sus posibilidades de paz están por fuera del marco del proceso de
negociación en La Habana. Es fundamental
escuchar la voz de los actores que protagonizan la guerra y la de comunidades
que padecen sus horribles efectos. Las regiones del sur del país deben participar
de este proceso para que exista legitimidad
.
Exigimos entonces la participación en La
Habana de guerrilleros de los bloques antes mencionados que tienen incidencia en Nariño y el inicio de acercamientos o de diálogos de paz regionales,
así como la búsqueda de una representación de la sociedad civil en la mesa de
negociaciones
.
Igualmente, convocamos a la comunidad internacional para que genere  la veeduría, seguimiento y establezcan sus
buenos oficios para la consecución de la paz en el sur de Colombia
. Este
proceso no puede ser ciego a la existencia de un país que se extiende mucho más
lejos de lo que supone el tradicional centralismo.
De lo contrario y dado un posible acuerdo con
las FARC en La Habana, es muy probable que se agudice la violencia en Nariño
por el efecto globo, por la consolidación de la paz y seguridad en otros
territorios del país. La presencia de actores violentos aumentaría en nuestro
territorio debido a su posición estratégica, como frontera y como salida al
pacífico para el tráfico ilegal
.
Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

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