
Hay recuerdos que el tiempo no logra enfriar, por más años ni kilómetros que se interpongan. Para Óscar Burbano Zambrano, volver a caminar por las calles de Sandoná es revivir el instante exacto en que se escribió una página dorada en la historia del municipio: la graduación de la primera promoción de bachilleres del Instituto Santo Tomás de Aquino, el 21 de junio de 1969. A punto de cumplir 50 años de residencia en Bogotá, Óscar retornó a su tierra natal para abrazar a su gente y compartir las anécdotas de una vida marcada por la superación y el orgullo de ser guaicoso.
Aquel histórico 21 de junio de 1969, 21 jóvenes alcanzaron el título de bachilleres en un acontecimiento de impacto departamental. Entre ellos figuraban Gonzalo René Portilla, Ferney Alfredo Erazo, Román Guerrero, Víctor Domínguez, Jesús Fajardo, Hernán Montero, Nicolás Basante, Carlos Mora, Azael Mesa, Jesús Delgado, Roberto Cajigas, Carlos Zambrano y Humberto Castillo. El evento también marcó un hito de apertura social gracias a la visión del rector Rolando Cabrera Meza, quien transformó la institución en un plantel mixto al integrar en los últimos grados a damas provenientes del Colegio Nuestra Señora de Fátima: Gloria Cecilia Márquez, Ruth Ortiz Benavides, Nelly Narváez, Cecilia López y Cecilia Rodríguez Benavides.
La memoria de Óscar evoca también la mística de una época de esfuerzo compartido. Entre 1966 y 1967, los propios estudiantes le “metieron la mano” a la construcción de la emblemática piscina del colegio. Durante las tardes de los viernes, a bordo de la volqueta municipal prestada por la Alcaldía, viajaban al río Ingenio para extraer a mano las piedras que servirían de cimiento para la obra, al tiempo que culminaban con sus propias manos el pavimentado del patio principal de la institución.
Tras obtener el título de bachiller, su periplo laboral comenzó rápidamente. En 1970 se capacitó en mecanografía en el Instituto Sarasty de Pasto, lo que le permitió desempeñarse como delegado municipal de la Registraduría en los escrutinios en La Llanada, durante las reñidas elecciones presidenciales de ese año, y posteriormente como escribiente en el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Sandoná entre 1971 y 1973. Su disciplina le abrió las puertas del Banco Cafetero en Sandoná, entidad donde laboró hasta que el 12 de octubre de 1976 recibió una sorpresiva resolución de traslado a la oficina Panamericano en la ciudad de Bogotá.
El 1 de noviembre de 1976, con 29 años y sumergido en la neblina capitalina, Óscar inició una nueva etapa de exigencia personal. Combinó sus extensas jornadas bancarias con los estudios universitarios nocturnos en la Universidad Central de Bogotá, donde se graduó como Economista en 1982. Su trayectoria en el sector bancario ascendió desde supernumerario hasta la gerencia, alcanzando su jubilación en el año 2000.
Próximo a conmemorar medio siglo de vida en la capital, Óscar mantiene intacto el cordón umbilical con el Guaico. Cada visita a Sandoná es un reencuentro con el calor humano, la gastronomía tradicional y el latir de sus costumbres. A pesar de los años y la distancia, su corazón sigue vibrando con el trinar de La Guaneña y los recuerdos de la juventud en su querida tierra natal.











