
nuestro territorio por algún tiempo razonable, coinciden en afirmar que los
colombianos hemos perdido paulatinamente la capacidad de asombro frente a
nuestros hechos cotidianos. Y nada más cierto que eso; pues a diario, en los
diferentes medios nos enteramos de casos – unos más escabrosos que otros-, que
enmarcan la realidad que vivimos, con
una frialdad espantosa, casi que aberrante.
Procesos en que la justicia
colombiana actúa con tratamientos
verdaderamente kafkianos, como en el sonado asunto Colmenares; otros sucesos de
oprobio como el de los Nule y el tsunami político-económico; Garavito y sus indescriptibles
evidencias de degradación humana; asesinatos de sacerdotes salpicados con
rumores de incierta conducta sexual; el efecto pirámide-estrato 8 con
siniestras captaciones de dinero y escandalosos movimientos bursátiles;
vencimiento de términos en el affaire DIAN y exportaciones ficticias, etc. Pero
todo como en la canción de Héctor Lavoe: “en la tarde noticia confirmada, y
mañana…… materia olvidada”.
relevantes, levantan el ánimo y la moral
ciudadanas, de tal suerte que permitan controvertir la sentencia de Borges:
“ser colombiano es un acto de fe”.
histórica decisión de la Corte Constitucional logró vulnerar ese malsano
marasmo: las megapensiones de magistrados y congresistas fueron revocadas
fulminantemente. Por fin una de las Altas Cortes ha tocado lo intocable, y el
gobierno anuncia la reorientación de ese recurso mal habido y truculentamente
liquidado, para la cancelación de miles de flacas pensiones de otros
connacionales, penosamente logradas. Se
calcula que son cerca de ochenta mil millones de pesos que el Estado se
ahorrará con la aplicación de esta trascendental medida. Pareciera ser que se
examinarán otros casos de sospechosas liquidaciones en diferentes entes del
Estado. Ya lo decía Turbay Ayala, aquel ex presidente de la voz nasal y
anecdóticas ocurrencias: “mantendremos la corrupción en sus justas
proporciones……”.
reclamación de derechos supuestamente vulnerados, con tutelas a bordo, que
engrosarán el volumen de expedientes laborales por resolver. Es decir, más
palos en la gigantesca rueda de la burocracia estatal. Aun así, la decisión no
deja de ser acertada, para bien del colectivo laboral colombiano.
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pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.
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