Recuperar la grandeza

Por Jorge Dueñas Romo
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“Hay que recuperar la grandeza” decía Álvaro Gómez Hurtado recordando al General Héroe de la Segunda Guerra Mundial Charles de Gaulle en una entrevista brindada a Julio Nieto Bernal días antes de su asesinato; pero, ¿a qué se refería en aquel entonces el doctor Álvaro Gómez Hurtado con “la grandeza”?, se refería a buscar el ejercicio de una política diferente a la que desde ese tiempo ya se había inmiscuido en la vida pública colombiana, en la que prima el clientelismo y las dadivas en dinero que se entregan, sin mayor pudor, a cambio de un voto.

La entrevista de hace más de 20 años, cuenta con plena vigencia hoy en día que estamos ad portas de unas nuevas elecciones legislativas y en las que esa dinámica que mencionaba el líder conservador se aplica con el mismo o con mayor rigor que en aquel entonces y de esa manera el llamado sigue siendo el mismo: un llamado a pasarnos al territorio de la grandeza, un territorio donde se retoman los cauces  de la actividad política donde existen verdaderamente electores y no contratistas con compromisos, ni cómplices, electores que conocen el programa de gobierno de quien eligen y sienten afinidad por este o por unos ideales que se representan en un partido o en un individuo.

De esa manera, quien busque hacer política debe centrarse en un verdadero ejercicio de convicción a través de la proposición de soluciones asentadas a la realidad de la infinidad de problemas que acechan a las comunidades, demostrando una preocupación real por quien representan y no ver en una elección una oportunidad de negocio. Por supuesto en este punto también habrán de valorarse elementos como la trayectoria, calidad humana, apego por el territorio, y capacidad de quien aspire, entre otros tantos factores que deben revisarse en el político para poder crearse así un verdadero convencimiento y solo de esa manera votar responsablemente.  Esta visión debe acompañarse de un esfuerzo por parte del elector quien debe actuar por solidaridad, por adhesión a un programa y evitar caer en el régimen de conveniencias que se ha creado en torno a las dadivas politiqueras, que se representan desde las módicas sumas de cincuenta mil pesos a las promesas de adjudicación de importantes puestos burocráticos o de contratos millonarios.

Bajo esta óptica, estrictamente personal, la democracia colombiana debe cambiar para convertirse en una política purificadora en la que debe sobresalir tres aspectos importantes según lo mencionado con anterioridad, primero: retomar la labor de convencimiento de los votantes a través de ideas y programas y por qué no,  a través del discurso; segundo: separar el poder económico de la actividad electoral por medio de la solidaridad y rectitud del elector; y tercero: establecer reales mecanismos de acceso a la carrera administrativa y de servicio civil para arrebatar los bastiones burocráticos electorales de las manos de los politiqueros. Lo que no implica reducir a esos tres elementos los yerros que abarca la política colombiana y que pueden cambiar indescifrablemente de un votante a otro.

Para finalizar, sabemos que estamos viviendo un punto álgido de lo que aquí se cuestiona, unos entran otros salen de las diferentes instituciones, contratistas donan miles de millones para asegurar sus futuros contratos, se reparten ya no billetes de cincuenta mil sino de cien mil, pero el llamado es a que esas situaciones no sean motivo para dejar de tener esperanza y aportar a una nueva política al menos desde las acciones individuales; bien lo decía un personaje de la historia colombiana de no tan grata recordación en esta tierra pero con palabras llenas de certeza: La gloria está en ser grande y en ser útil.

¡Apuntémonos a la grandeza!

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Author: Miguel Cordoba

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