¿Síndrome de Estocolmo en las tierras farianas?

Desde Nod
Por Alejandro
García Gómez.
Hace unos días,
alguien que trajina las regiones que por años han sido territorios Farc, me
decía que observa muchos miedos en la gente que reside allí, a propósito,
primero de los diálogos y ahora de los acuerdos de la Habana. Ellos –que han
sufrido por años y en carne propia, sus abusos, delitos y crímenes- temen lo
que vendrá porque están seguros de que será peor
.

Que ya “se
habían acostumbrado” a los miles de pesos que religiosamente, cada semana o
cada mes o cada año, habían venido entregando a los recaudadores de sus
“contribuciones voluntarias” para su “guerra del pueblo”
. Hasta por las aves de
corral dizque cobraban. Obvio que si era ganado mayor, cerdos o ganado vacuno o
equino, la contribución aumentaba; y mucho. Igualmente por las cosechas y por la
producción agroindustrial. Nadie ha podido mentirles acerca del número de
semovientes o de hectáreas que posea o del producido de sus empresas. Al
parecer tienen personal suyo, dentro de la administración estatal o en las
instituciones particulares -almacenes, cooperativas, etc.-. Ellos dizque les
dan un registro pormenorizado de algunos elementos que sirven para identificar
plenamente las cantidades de abonos o insumos agroquímicos que consumen
periódicamente (para las hectáreas de terreno sembradas); de medicamentos y
vacunas que adquieren para sus hatos; y de carga y descarga de insumos y
producido agroindustrial.
Cuando hubo
quién se atrevió y arriesgó a mermar el número de animales denunciados, para
bajar el costo del “voluntario Impuesto de Guerra”, le rebajaron el gravamen,
pero le quitaron los animales que hallaron “sobrantes”, porque dizque “no le
pertenecían”. A los “civiles” que les preguntaban que si ya estaban en el
Proceso de La Habana, por qué seguían cobrando la “vacuna”, dizque les respondían:
los de La Habana comen en La Habana, a los de aquí nos toca comer acá”. Que –a
pesar de la firma- aún hoy hay quien cobra el “impuesto”.
Se habían
acostumbrado a asistir, por la razón o por la fuerza de “la advertencia”, a las
reuniones citadas por los “comandantes” en la montaña y a las Juntas de Acción
Comunal, manipuladas por ellos, con la frecuencia con la que se los “invitara”.
Cualquier imposibilidad de asistencia se debía comunicar con los debidos
soportes, ¡o…! Se habían acostumbrado a informar a “los comandantes” o a sus
delegados sobre sus desplazamientos fuera de su región habitual de residencia,
motivos, razón, sitios y tiempos de demora
. Los recién llegados, igualmente
debían reportarse y demostrar el objeto de su visita o estadía definitiva.
Tienen miedo.
Quizá es el Síndrome de Estocolmo, que en este caso no sólo sería por secuestro
(dentro de su propia región) sino por los abusos, delitos y crímenes,
“conocidos y por conocer”.
Tienen miedo
porque, supuestamente, se están trasladando los narcocultivos a zonas muchísimo
más alejadas, selva adentro, donde se vuelven invisibles cultivos, “peones” y
“dueños”
. Que a quienes les trabajan los llevan vendados. Claro que ante la
advertencia de castigo frente a cualquier delación… Los peones… ¡…!
Pero del otro
lado, de los que llegarían (ELN o paras Bacrim) no serían menos los abusos,
delitos y crímenes y por eso temen. ¿Quién los reemplazará? “‘Sin la guerrilla
esto se convertirá en un caos de robos y violaciones’, argumenta [un]
mototaxista decidido a votar por el ‘no’ en el plebiscito del 2 de octubre”,
zona de concentración en Antioquia (“Lo duro es la Paz”: El Confidencial,
Hotmail).

Mis dudas y
estas consideraciones son una razón más para dar mi SÍ en mi voto del
plebiscito por la búsqueda de la Paz. Pero también es otra alerta no sólo para
el gobierno sino para la comunidad mundial acompañante
. 22.IX.16
Este es un espacio de opinión destinado a
columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
este fin por el blog Informativo del Guaico y no reflejan la opinión o posición
de este medio digital.

Author: Miguel Cordoba

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.