Tintes naturales de textiles

Rincón literario
Por Irma Zambrano
irmazambrano1947@gmail.com

Los indios Abades, nos dejaron herencias valiosas para que sus descendientes continuaran con sus tradiciones. Una de ellas fue la utilización de plantas para la elaboración de tintes textiles; para esto utilizaron el árbol de nogal y la planta de añil.

Muchas mujeres del casco urbano como rural se dedicaron a la elaboración de tintes naturales para dar color a madejas de lana, algodón y algunas prendas de vestir.

Las personas que se dedicaron a la elaboración de tintes, buscaban una planta llamada añil, de esta utilizaban las hojas, estas hojas debían ser recolectadas antes de salir el sol o después de haberse ocultado. Una vez reunidas las hojas, al día siguiente eran colocadas en una olla de barro con abundante agua, la cual permanecían en ese estado durante un día y una noche.

Al siguiente día las hojas eran estregadas hasta que salga toda la tinta, luego se cernía en un colador y los residuos eran colocados en otro recipiente al que se le volvía agregar agua y se continuaba estregando hasta el agua salga clara; en una olla bien grande se vertía el contenido agregándole una taza de legía que era obtenida de la ceniza, especialmente la producida por la tuza del maíz.

A esta solución se le colocaba la prenda a teñir y se cocinaba hasta que dé el punto preciso y forme una masa homogénea, según el color deseado era la cantidad de tinta, agua y el tiempo necesario para hervir la prenda, según el tiempo de cocción se formaba el color azul en todos sus tonos hasta llegar al negro.

Para obtener el color café oscuro y café en leche como se lo llamó antiguamente, utilizaron las hojas y las pepas de un árbol llamado nogal, las hojas eran maceradas y las pepas se les extraía la corteza y se las colocaba a hervir hasta que salga la tinta, luego enfriaban esa solución y cernían, dejando listo el líquido para hervir la prenda con el color obtenido.

Cabe mencionar a las señoras Visitacion Egas, Clementina Ponce y Licenia Narváez, quienes fueron famosas en el arte de teñir; por su creatividad, responsabilidad, y la calidad de producto que entregaban su trabajo era muy cotizado, los colores firmes perduraban y las prendas no se desteñían con el uso.

Por lo general se hacían teñir madejas de lana y algodón que luego serían utilizadas en la fabricación de ruanas, cobijas, follados, suéteres. También se utilizaba el teñido de una tela blanca fabricada en lana llamada “Bayetón” material propio para fabricar pantalones para hombre.

Los comerciantes de la provincia de Obando, transportaban en recuas y venían cada 15 días trayendo las diferentes prendas para ser teñidas. En la vereda Pedregal, la señora Clementina Ponce se dedicaba al oficio del teñido, señora que era visitada por el señor Manuel Mueses, quien venía desde Cumbal trayendo prendas y madejas de lana de oveja para darles color.

El precio del teñido variaba de acuerdo al color y al tamaño de la prenda, por lo general el teñido de una madeja de lana tenía un costo de 3 pesos, quienes no tenían dinero utilizaban el sistema de cambalache que consistía en cancelar el trabajo de teñido con productos de clima frio como era papas, harina, cebada y habas.

Don José Félix Pinchao y su esposa María Susana Ipial, venían desde la ciudad de Ipiales hasta la vereda Yananchá, donde la señora Licenia Narváez, quien sólo se dedicaba al teñido de madejas de lana con nogal y añil. El recorrido lo hacían en caballería cada mes, donde dejaban el producto a teñir y llevaban el que ya estaba listo.

En el casco urbano la señora Visitación Egas, tenía contrato de teñido con un señor Manuel Campaña del municipio de Pupiales, quien venía cada 15 días trayendo una gran cantidad de madejas de lana de oveja para ser teñidas y luego llevadas listas para confeccionar la prenda deseada.

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Author: Miguel Cordoba

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