Traficantes de la fe

Por Iván
Antonio Jurado Cortés
Lo del pastor
Miguel Arrázola, de la Iglesia Cristiana Ríos de Vida de Cartagena, es el
reflejo de un vil mercantilismo de la fe cristiana, ese que ha permeado las
sociedades hasta descomponerles su esencia, llevándolas a excentricidades
perjudiciales al sano vivir
. Obviamente que en este menester no todo es malo,
existen excepciones  de las que se
concluyen buenos ejemplos de vida; contrario a muchas congregaciones  creadas con ideología mercantil, nada que ver
con la fe.

En un
comunicado después de haber amenazado a un periodista, Arrázola dice,
“Considero que este es un tiempo de reflexionar y respetar las voces que
contrarias a nuestro parecer se levantan en Colombia. Solamente, a través del
respeto al derecho ajeno podremos alcanzar la convivencia pacífica que todos
deseamos
”. Típico en los ahijados del patrón del Ubérrimo, es una doctrina
demasiado penetrante en mentes macondianas que regocijan su realidad en
banalidades propias del poder y el dinero.
La arrogancia
de este supuesto líder espiritual se contabiliza dentro de los actos petulantes
de los últimos años como los de Uribe Vélez, ‘Popeye’ o el más reciente, Vargas
Lleras. La historia colombiana enseña que estos gestos maleantes arrojan buenos
dividendos. Está comprobado la memoria vulnerable de muchos colombianos; más
grave aún, el  masoquismo o fanatismo de
otros, cuyas decisiones afectan la estabilidad social de las mayorías.
Lo del ungido
de ‘Ríos de Vida’,  es el resumen de una
realidad que ha socavado la sensibilidad y dignidad humana. El comportamiento
de esta persona en nada se diferencia a mafiosos enfadados; es otro traficante
pero de la fe, aprovechado de la ingenuidad o fanatismo de miles de
colombianos, quienes en medio de las presiones naturales de la vida optan por
convencionalismos espirituales que finalmente terminan esclavizándolos
. Es el
terreno fértil para bribones dedicados a engatusar a masas con significativo
grado de vulnerabilidad o desespero.
En las últimas
décadas este problema se volvió común, son muchas las organizaciones religiosas
cuyas directrices se estructuran en el sector financiero, más que en lo
espiritual o social. En este aspecto ni siquiera la iglesia católica se salva,
institución salpicada por sangre inocente de millones de personas que nunca
comulgaron con su ideología. Lamentablemente se tiene que aceptar que la
mayoría de congregaciones religiosas o afines se han enfocado en el
fortalecimiento económico
, pasando por encima de la benevolencia de sus
creyentes, que en pleno siglo 21 insisten en llegar al cielo después de la
muerte.
Como dijo un
manicalloso campesino, ser pastor de una iglesia es una buena opción en este
tiempo de crisis económica e insensatez
.
Aplica perfectamente el refrán, ‘el vivo vive del bobo y el bobo de papa y
mama’; así es, felices. Con decir que viejo ‘Sata’ merodea a quienes intentan
sabotear la aureola celestial de los consagrados, es suficiente para defender a
nuestros azotadores. La ley divina ha conjugado con la ignorancia de quienes
sueñan en la perpetuidad angelical, donde escuchan melodías gregorianas y
cantan alabanzas.
Los casos de
corrupción y manipulación eclesiástica son evidentes; no obstante, tal como sucede con algunos dirigentes del
Centro Democrático, entre más acciones delictivas demuestren, más son sus
seguidores, hasta son capaces de entregar la propia vida por defender los
supuestos principios de la colectividad. Al ser la mayoría de sectas producto
del cristianismo romano, el problema estructural es similar
. El afán de dominio
y sometimiento prevalece sobre verdaderos modelos de conversión y razonamiento
humano.
Aunque no es
delito efectuar aportes a una causa social, entendiéndose así las distintas
congregaciones religiosas, no deja de ser sugestivo cuando las cuotas se
dosifican y se transforman en principal requisito para hacer parte de una
comunidad creyente. Investigaciones han demostrado que de acuerdo al nivel
jerárquico de estas compañías tal es la proporcionalidad de los ingresos
,
interpretándose desde el exterior como un acto injusto, más si el credo dice
que los humanos deben ser iguales y tener las mismas oportunidades.
La fe se ha
vuelto un instrumento sensible para que avivatos se aprovechen de esta
convicción y colmar sus aspiraciones económicas y de poder. No cabe duda que la
fe es inherente a la vida, por lo tanto es la mejor opción para quienes
intentan usufructuarse de ella
. Es admirable el poder de convencimiento de
estos personajes, tienen la capacidad de filtrar hasta las barreras más fuertes
del ser humano, siendo más significativa en comunidades de limitada preparación
académica.

Domingo, 2 de
abril de 2017

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Author: Miguel Cordoba

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