¿Cómo nos comportamos como comunidad?

Ante la situación presentada en la comunidad sandoneña relacionada con la información del Instituto Departamental de Salud de Nariño sobre el primer caso de covid-19 en nuestro territorio local, los invito a realizar algunas reflexiones.

En estos momentos el llamado es a la solidaridad, a la comprensión, al respeto y a la empatía, con todas las familias que están pasando momentos difíciles, causados por la pandemia.

Los últimos sucesos nos llevan a pensar que como comunidad, en varias ocasiones, actuamos de manera apresurada y en muchos casos desinformada, razón por la cual hay que tener en cuenta estas consideraciones:

¿Cómo nos comportamos como comunidad? ¿Sabemos realmente lo que pasa en nuestro municipio? ¿Conocemos con certeza, por qué debemos protegernos? o ¿Por qué debemos quedarnos en nuestras casas?

En nuestras familias podemos responder estas preguntas, que nos ayudarán a cambiar nuestros comportamientos y hábitos, que con el paso del tiempo se convertirán en costumbres relacionadas con la disciplina y la responsabilidad, clave en esta época.

El pasado domingo publicamos un editorial titulado “Mensaje de solidaridad”, en el cual analizamos los valores que debemos apropiar en esta época de pandemia: la solidaridad, la compasión, la reciprocidad, la justicia, la honestidad, el respeto, la empatía, la responsabilidad y el cuidado de sí o autocuidado.

En este editorial se encuentran las definiciones de estos valores fundamentales que con anterioridad publicó el Ministerio de Salud y Protección Social que nos ayudan en esta reflexión y que una vez más compartimos.

La solidaridad implica fraternidad, empatía y comprensión, por lo mismo, es fácil ser solidario con las personas a quienes amamos, pero no es tan fácil serlo con los desconocidos. La solidaridad se da ante todo con los anónimos”, explica Ricardo Luque, asesor del Ministerio de Salud y Protección Social.

Compasión: La fraternidad y el altruismo no deben quedar tan solo en palabras o buenas intenciones, exigen una práctica, una forma de actuación permanente que conlleve a la virtud  de la compasión y el compromiso  hacia los otros. La bondad y el desprendimiento requieren un cultivo permanente y una actuación reiterada que, en crisis como las que nos afecta, contribuyan a superar la fase puramente instintiva y egoísta de la propia supervivencia.

Reciprocidad: La reciprocidad exige una preocupación fraterna por el ser humano y su dignidad. La pandemia urge a repensarnos y a saber —como lo expresó en su momento Gandhi—, que “el cambio que deseamos ver en el mundo debemos realizarlo nosotros mismos”. [1]

Justicia: Esta situación impone retos importantes en términos de distribuir con justicia los bienes existentes. El primordial elemento de la redistribución justa implica la protección al personal de salud con las medidas adecuadas de bioseguridad y garantías laborales. De igual forma, la equidad implica el máximo esfuerzo y hasta donde sea posible, redistribuir los propios ingresos a través de donaciones, propinas generosas, suministro de mercados, pago de salarios (así el trabajador esté en imposibilidad fáctica de laborar) o ampliar el cuidado debido a los adultos mayores, entre otras acciones.

Honestidad: Las noticias falsas en las redes sociales, el engaño, la desinformación o descalificación de los esfuerzos, así como los mensajes atemorizantes que afectan la salud mental o despiertan los instintos básicos de supervivencia, van en contravía de los esfuerzos preventivos.  Los actos de corrupción o malversación de fondos destinados al control o mitigación de los efectos de la covid-19, representan una absoluta ceguera emocional, intelectual y moral, frente a lo que está en juego con la pandemia.

Respeto: El acatamiento a las indicaciones que dan las autoridades al igual que el diálogo, la confianza y el respeto necesarios en las relaciones de convivencia, son materia prima para mitigar la pandemia. No es admisible en ninguna circunstancia ejercer coacción, intimidación o violencia ya sea física, psicológica o sexual, contra nadie y particularmente, contra mujeres, niños y niñas.

Empatía: La empatía entendida como la capacidad de ponerse en la situación de quien actúa o piensa diferente, implica una actitud por la cual se reconoce que los  derechos humanos son universales y mediante la cual me obligo  al cumplimiento de unos deberes para con el otro. “Por lo mismo, el estigma y la discriminación atentan contra la salud pública y son casi que suicidas en estos momentos. ¿Podrá existir mayor falta de empatía que señalar y segregar a los médicos y profesionales de la salud que se encargan del cuidado no solo de los desconocidos sino también de familiares y amigos?”, indica Luque.

Responsabilidad: El negar el problema, realizar festejos ignorando las medidas de aislamiento o movilizarse entre municipios para tomar unos días de descanso, no reflejan una preocupación real por sí mismo o por el otro. Los escenarios de desdén por la norma, discriminación, especulación o injusticia, pueden devolverse como bumerang atentando contra la propia vida.

Cuidado de sí: La actitud compasiva inicia por el cuidado de sí, entendido como algo que va más allá del cuidado higiénico de tapabocas, jabones o desinfectantes. “Citando a Michael Foucault, este cuidado se entiende como una observancia de sí, donde caben también las meditaciones, las lecturas, las conversaciones o la correspondencia en la cual uno expone el estado de su alma; implica un examen de las propias actitudes y comportamientos en mi relación con el otro, a efectos de combatir los propios defectos. El cuidado de sí se entiende no como un ejercicio de la soledad, sino como una práctica social, hoy más necesaria que nunca” [2], finaliza Luque.

[1] Citado por Karem Armstrong. Doce pasos hacia una vida compasiva. Editorial Planeta. Bogotá, 2019.

[2] Michel Foucault. La inquietud de sí. Siglo XXI editores. México 2007.

Hoy nuevamente reiteramos nuestra voz solidaria para todas las personas que están en situaciones delicadas de salud como consecuencia del coronavirus, extensivas para sus familiares, no únicamente de Sandoná, sino también de Nariño y de Colombia.

Nadie que haya aliviado el peso de sus semejantes habrá fracasado en este mundo”: Charles Dickens

Author: Miguel Cordoba

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