El de pañales, ¿único “cartel”?

Columna DESDE NOD
Por Alejandro García Gómez
Muy contrariado, hace unos días, me contaba un
amigo, cómo le parece Alejandro que tal día yo necesitaba un millón quinientos
mil pesos en efectivo, para una necesidad urgente. Con un poco de temor ante la
suma, me dirigí muy acompañado a una de las sucursales de mi banco a retirarlos
y me dijeron que no podía hacerlo por ventanilla allí
. O que fuera a la sede de
mi cuenta o que debía hacerlo por el cajero automático. Pero es que sólo me
entrega cuatrocientos mil por cada retiro y me cobra más de tres mil pesos por
cada vez, y ésta vuelta me saldría por más de catorce o quince mil pesos, le
dije con algo de molestia.

La encargada me cubrió con una mirada de
comprensión. No podemos de otra manera, señor. Y me tuve que bajar de algo así
como quince mil, Alejandro. Cada año los bancos reportan billones de ganancias
netas, Alejandro, ¿es justo?
¿No sería posible que la autoridad del ramo exija
topes más altos a los bancos, por cada entrega? Si el máximo posible es de un
millón seiscientos mil cada día, ¿por qué no se deja éste como el máximo por
entrega? Eso de que es por nuestra propia seguridad, ¿no le parece “carreta”?

Hace cosa de uno o dos meses se habló del
abuso de unas empresas, pertenecientes a grandes grupos económicos, que se
habían puesto de acuerdo para abusar (voy a cuidarme de no usar la palabra
“robar”, no la utilizaré) con el precio de los pañales
. Al parecer, hubo
sanciones por parte de la autoridad competente. En un desierto de injusticias
como es nuestro país, éstos son oasis refrescantes para quienes viven y
sobreviven a punta de sólo su trabajo.
El pescado es uno de los productos que, por
sus propiedades nutricionales, más recomiendan médicos y nutricionistas para la
alimentación de ciertos pacientes o de ciertas edades y, en general, para toda
la población. Dependiendo del caso, lo sugieren por lo menos una vez por
semana. En Colombia es un lujo comer pescado. A pesar de tener dos océanos e
innumerables ríos, pequeños grandes y medianos, la libra de los menos costosos
vale más o menos el doble que los cortes más populares de las carnes y del
pollo. Pero ahí no termina todo. Cuando usted paga por una libra o un kilogramo
de pescado, está pagando por una parte que es agua, en cualquier parte donde lo
compre. Muchas veces más de la tercera parte es hielo, agua congelada. ¿Cómo
llega ahí? ¿Quién o quiénes son los responsables? La sorpresa es tal que, casi
siempre, salen guijarros de hielo entre los pliegues de las presas, más grandes
que aquél con el que David mató a Goliat. ¿Cómo se las ingenia “Dios” para
lograrlo?
¿Por qué una llamada de un celular de un
servidor cuesta más o menos el doble (200%) más cuando se llama a otro servidor
diferente del que “sale” la llamada?
Aceptemos que debe haber un rango de
ganancia por cuestiones de preferencias comerciales, captación y “cautividad”
de clientes. Pero el 200% de rango, ¿no es exagerado? ¿Y qué tal cuando la
llamada es de celular a fijo, que es de más del 250%, o sea más de 2,5 veces,
casi el triple? ¿Quién defiende al consumidor?
Veamos algunos productos manufacturados
industrialmente. ¿Recuerda usted cuando todos los jabones de baño venían con un
peso neto (según etiqueta) de 185 o 190 gramos? Hoy por hoy, aún quedan pocas
marcas que, entre los “más pesados”, tienen 130 g, pero la gran mayoría están por
debajo de este neto (según etiqueta, repito). Ya van por los 90 y aun por los
85 y 80 gramos. Algunos de ellos, dice la publicidad, “se lo obsequiamos”, o
similar. Y usted feliz. Pero tranquilo, que si algo permanece y aumenta es el
precio. ¿O no se ha dado cuenta?
¿Quién defiende al consumidor? ¿Dónde anda o
qué dice? Imagino la respuesta: se debe poner la queja por escrito ante
autoridad competente
. 22.X.14

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Author: Miguel Cordoba

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