
Visión de mujer
Por Elsy Melo Maya
elsy.ya@hotmail.com
“Usted sale del consultorio con un papel en la mano. El médico dijo “apto”, firmó, y continuó con su jornada. El papel termina guardado en una carpeta, casi sin mirarlo. Sin embargo, esa hoja puede contener mucho más que una sola palabra.
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Cada año, miles de trabajadores en Colombia asisten a su examen médico ocupacional. Llegan puntuales, responden preguntas sobre su estado de salud, se realizan algunos exámenes complementarios y al final, esperan una sola respuesta: ¿estoy apto o no para trabajar?
Una vez reciben el resultado, la mayoría lo guarda, lo envía por correo o lo entrega a la empresa, y ahí termina todo. Lo paradójico es que la parte más importante del examen suele ser justamente la que menos se lee.
Estos exámenes no se crearon para cumplir un requisito administrativo. Su verdadera finalidad es prevenir: son una oportunidad para conocer nuestro estado de salud, identificar factores de riesgo y recibir recomendaciones que pueden cambiar el rumbo de nuestra calidad de vida.
Con frecuencia permiten detectar alteraciones visuales que requieren corrección, molestias osteomusculares por malas posturas, cambios en colesterol o glicemia, e incluso señales tempranas de condiciones que ameritan valoración médica. Sin embargo, muchas personas se concentran solo en el concepto de aptitud y dejan de lado las recomendaciones del profesional de salud.
Pensemos en alguien a quien le indicaron usar permanentemente sus gafas y, por comodidad o vanidad, las dejó guardadas. Meses después, el dolor de cabeza constante y la fatiga visual ya no son una recomendación olvidada, sino un problema que afecta su trabajo y su ánimo. Algo similar ocurre con quien ignora la sugerencia de moverse más, de revisar su presión arterial o de acudir a un control que parecía “no urgente”.
Es común encontrar certificados que indican realizar pausas activas, asistir a controles médicos, mejorar hábitos alimentarios, usar corrección visual permanente o fortalecer la actividad física. Son recomendaciones sencillas, pero detrás de cada una existe un propósito preventivo real.
La salud laboral no depende únicamente de las empresas, de las áreas de Seguridad y Salud en el Trabajo o de los profesionales que realizan las evaluaciones. También requiere compromiso individual: ningún examen tiene valor si sus recomendaciones terminan archivadas sin ser aplicadas.
Quizás ha llegado el momento de cambiar la pregunta. Más allá de saber si somos aptos para un cargo, deberíamos preguntarnos qué nos está diciendo realmente ese examen sobre nuestra salud, y si estamos dispuestos a escucharlo, porque, en muchas ocasiones, el examen que nadie lee contiene justamente la información que más necesitamos conocer”.
(Juan Emidio Hernández Ortiz – ESAP Profesional en Salud Ocupacional, Especialista en Gerencia Social).
15 de junio de 2026
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