Fecha memorable

Este viernes se cumplieron 105 años de la fecha de nacimiento de mi padre Félix Victoriano Córdoba Benavides, quien nació en la vereda Alto Ingenio, municipio de Sandoná en el hogar integrado por Pedro Córdoba y Griseria Benavides. Estudio dos años de primaria en la escuela del Ingenio.

En su juventud mi padre trabajó en la construcción de la carretera Sandoná – La Florida, que lideró el alcalde Clímaco Arcos Salazar, al comenzar la década de los años 30s. Después de algunos meses de participar en esta actividad, tomó la decisión de irse a trabajar a la región del Sumapaz, departamento de Cundinamarca, como obrero en la construcción de carreteras, y en una finca.

Regresó al Ingenio al finalizar la década de los años 30s, cuando la población padecía la epidemia de la bartonela, o bartola, como le decían las personas en aquella época. Él fue uno de los tantos jóvenes y adultos que ayudaron a enterrar personas, que murieron a causa de esta grave enfermedad.

Félix se casó con mi madre, Luz María Cajigas Fajardo. De la familia Córdoba Cajigas hicimos parte ocho hermanos.

Mi papá se dedicó a la agricultura y a la ganadería, en predios ubicados en el sector del Guaico, aledaño a la desembocadura de la quebrada Patachorrera y el río Chacaguaico, en la vereda Alto Ingenio y el sector del Pailón, corregimiento de Santa Bárbara.

Los terrenos junto a la casa, cada año los sembró de maíz, uno de los alimentos fundamentales en la familia: choclo asado, choclo cocinado, embueltos, polidada, mazamorra, mote, tamales, chicha y uno que recuerdo con nostalgia el maíz capia, que se tostaba y luego se molía para sacar el aco.

En estas huertas mi padre, además de maíz, sembraba arracacha, batata, fríjol y en varias ocasiones papa, mientras que en otra huerta mi madre tenía sembrado plantas medicinales y plantas condimentarias.

Entre 1965 y 1973, mi papá, acompañado de mis hermanos mayores Agustín y Hernando, se dedicó a la siembra de cabuya y a la extracción de la fibra de esta planta, razón por la cual compró una máquina para esta labor, con la cual recorrió varios lugares cercanos al Alto Ingenio.

Con la crisis de los precios de la cabuya por la llegada de la fibra sintética, mi papá dejó atrás el tema de la cabuya y se dedicó de lleno al cultivo del café en El Guaico, en un terreno heredado de la abuela Griseria y otros aledaños que compró a los vecinos. Además de café cultivó plátano, guineo, y frutales como naranja, limón, guaba, entre otros y en un sitio cenagoso, “papa cun”.

La ganadería fue el otro oficio que le permitió a la familia el sustento diario, razón por la cual todos de una u otra manera aprendimos y ayudamos en las labores del ordeño y el traslado de las vacas de unos potreros a otros. Así mismo nuestros padres se dedicaron a la crianza de cuyes, gallinas y cerdos, que fue otra fuente de recursos económicos y de alimentos.

A la plaza hay que ir por la sal y la manteca” fue una de esas célebres frases que le escuché a mi padre, que seguramente la aprendió de sus ancestros y que resume su pensamiento en torno a lo que hoy conocemos como soberanía alimentaria.

De su estadía en tierras cundinamarquesas, mi papá trajo a la vereda Alto Ingenio la costumbre de escuchar noticias a través de la radio y de leer el periódico. Recuerdo de niño que una repisa tenía un radio marca Philips, al cual se le podía adaptar un tocadiscos. En este radio escuchaba las noticias de la Cadena Caracol, cuya emisora “La Voz del Río Cauca” de Cali, se podía sintonizar en la casa en las horas de la noche y de igual manera seguía con atención la transmisión de la Vuelta a Colombia en bicicleta.

Cuando salía a Pasto a vender cabuya, que era muy frecuente, además del pan y las colaciones, traía el periódico “El Espectador”, que se sentaba a leer con mucho deleite. Él leía la sección de política, economía e internacional y a mí me pasaba la sección de deportes y pasatiempos.

Uno de los primeros sufrimientos que afrontaron nuestros padres y en general toda nuestra familia fue cuando falleció mi hermana Mercedes, 24 de noviembre de 1973, en su plena juventud. Al poco tiempo falleció nuestra madre, 25 de junio de 1981, dejando un inmenso vacío en nuestros corazones.

Con la salida de todos nosotros, sus hijos, luego de formar nuestros propios hogares, mi papá se quedó al cuidado de mi hermana Dolores, quien desde niña sufrió de epilepsia, ayudado por mis hermanas Isabel, Silvia y Socorro.

Mi padre falleció el 5 de abril de 1996, un Viernes Santo en horas de la tarde, en el Hospital San Pedro de la ciudad de Pasto, muy cerca de cumplir los 82 años.

En esta fecha memorable, lo recordamos con cariño, por su inmenso legado que nos dejó a sus hijos. El amor al trabajo, la lucha permanente por mejorar las condiciones de vida de sus seres queridos y en mi caso el amor por la radio, el periodismo y especialmente por la lectura.

Author: Miguel Cordoba

2 thoughts on “Fecha memorable

  1. Una historia verdaderamente nostálgica, apurada de hermosos recuerdos que sólo quedan grabados en aquellas personas quienes conocimos “Al Papá Félix” como le llamaba con gran cariño mi esposo Orlando Córdoba… Y por su puesto todos sus cercanos. Por un instante se arrugó mi corazón al parafrasear tan maravillosas palabras, sin duda alguna su legado será siempre recordado. Con gratitud. Magali Paz Yanguatín.

  2. Gracias por compartir tan bella historia, recordarnos nuestras raíces y fortalecer el legado que llevamos en la familia.

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