José María Hernández Vivas, primer y último héroe colombiano

Por Pedro Nel Burgos Hernández
Mi primera crónica que fue el detonante para
sumergirme en la comunicación, surgió a partir de un pequeño curso de
producción radial que hice, junto con mis compañeros de colegio, en el año
2000
.  Esta crónica la perdí, pero la
recuerdo como una bonita experiencia que marcó mi vida e hizo que
reconociera y no olvidará dos fechas
importantes para la memoria de Pupiales, el 15 de enero y el 7 de abril.

El tema de la crónica fue el héroe campesino
José María Hernández Vivas, coterráneo del municipio de Pupiales, fusilado en
Iquitos, por el ejército peruano, el 7 de Abril de 1933
.
Como lo afirmaron Monseñor Justino Mejia y
Mejia (Q.E.P.D.) y el Padre Luis Alberto
Coral (Q.E.P.D.) Hernández Vivas “es el primero y el último de los héroes
colombianos del siglo XX
. No hemos tenido otro, ni lo tendremos en los pocos
años que faltan para rematar este siglo. Paso la época de los héroes; estamos
en el siglo de los pusilánimes. A Nariño por último, le correspondió dar el
último de los héroes de la patria”.
Hernández Vivas fue un campesino que nació el
15 de enero de 1892, en la Vereda Guacha que pertenece a Tatambud, actual
corregimiento del municipio de Pupiales
, que hoy lleva el nombre de José María
Hernández. Tatambud es un nombre originario del idioma Pasto que significa
“tierra alta”.
Hernández fue hijo de Víctor Hernández y
Rosario Vivas. Realizó sus primero estudios en una escuela de su vereda y
posteriormente, recibió una formación orientada por los hermanos Maristas,
quienes fundaron el colegio mercantil en la cabecera del municipio de Pupiales.
José María Hernández, una vez terminó sus
estudios, decidió dedicarse al comercio, a través de la recua, entre Barbacoas,
Pasto y Popayán
.  Sin embargo, está
actividad no tuvo buenos resultados y por cuestiones del destino, se radicó en
Puerto Asís, Putumayo, donde se casó con Gregória Iles con quien tuvo cuatro
hijos
, de los cuales sobrevivieron dos: Justina y Sergio.
Hernández logró conocer los terrenos, selvas y
ríos de este departamento lo cual le permitió convertirse, años más tarde, en
un experto guía para el ejército colombiano
. Su casa, construida en Tarapacá,
fue el alojamiento de las tropas militares.
Por casualidad de la vida, en 1933, Hernández
se presentó al General Efraín Rojas, quien lo designó como ayudante de los
barcos Nariño, Boyacá y Barranquilla
. Fue un hombre clave para las tropas
colombianas en cuanto conocía las selvas, montañas y ríos de la zona, lo cual era
una ventaja para ganar la guerra.
Sin embargo, en la misión encomendada a
Hernández y a Francisco Vargas para hablar con el cacique Hilario y conocer el
estado de las tropas peruanas, luego de la derrota que tuvieron en Tarapa con
las tropas colombianas, fueron traicionados y entregados por el cacique a los
peruanos, quienes los llevaron hasta Leticia
. En el viaje logró escapar Vargas,
quedando sólo Hernández y llevado a Iquitos, donde fue fusilado el 7 de abril
de 1993
.
Según las versiones de escritores e
historiadores, Hernández les dijo a algunos amigos la siguiente Frase: “para morir hemos nacido”. Además, se dice que prisionero en los calabozos, fue
sacado a las cuatro de la mañana y fue el mismo quien cargo las herramientas
para cavar su propia tumba.
Fue subido a una plataforma y el pelotón
peruano quiso vendarlo, pero Hernández, con su valentía les manifestó que
quería ver a sus enemigos, se negó a sentarse: según la publicación de la
Brigada de Logística No 1, esto fue lo que dijo “¡Ningún colombiano se deja vendar para morir,
yo muero por mi patria, así que no me toquen!
“.
Luego de recibir la descarga del pelotón,
grito y dijo a todos los peruanos congregados: “Colombia sabrá vengar mi
sangre
”. Aunque recibió varios disparos, sobrevivió y el ejército peruano lo
arrastró por las calles de Iquitos.
Este es un espacio de opinión destinado a
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Author: Miguel Cordoba

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