La inundación de Sandoná

Don Pablo Fajardo

Este 29 de marzo se cumplen 47 años de la inundación del municipio de Sandoná que dejó seis víctimas mortales, quienes residían en la veredas San Antonio y San Isidro.

El señor Pablo Fajardo recuerda que el martes santo 28 de marzo de 1972 llovió muy duro y causó las primeras inundaciones de algunos sectores sandoneños, sin embargo el miércoles santo 29 de marzo el aguacero fue más intenso y cubrió varias zonas del territorio municipal.

Una de las zonas más afectadas por la precipitación fue la vereda Alto Jiménez la cual provocó deslizamientos de terreno hacia la vereda de San Isidro y hacia la zona urbana de Sandoná con las consiguientes inundaciones de varios barrios.

Los otros derrumbes de material vegetal, tierra y rocas cayeron sobre el Río Ingenio el cual aumentó considerablemente su caudal y unos metros hacia abajo del puente sobre la Vía Circunvalar Galeras, se salió del cauce arrastrando dos viviendas: una de bahareque y otra de tapia.

Veredas San Antonio y San Fernando, separadas por
el río Ingenio

Don Pablo, residente en la vereda San Fernando, corregimiento del Ingenio, relata que la corriente se llevó al señor Matías Popayán, su esposa Enemesia Gustín, su hijo Jorge, el señor Rafael Gustín y la señora Ernestina Guerrero de Benavides, quienes residían en las dos viviendas ubicadas en la margen izquierda del río, antes de cambiar su curso habitual.

Expresó que los cuerpos de Matías y Jorge fueron rescatados y familiares y vecinos les dieron cristiana sepultura, al domingo siguiente.

Don Pablo manifestó que Don Matías llegó a la vereda San Antonio procedente del corregimiento de El Peñol, municipio del Tambo; se dedicaba al oficio de elaborar lazos de cabuya, que sacaba a vender a Sandoná los días sábados.

A Jorge lo recuerda como un joven bueno para jugar billar; precisamente el miércoles santo en la noche, antes del aguacero, estuvo jugando billar en la casa del señor Héctor Benavides, ubicada en el parque del Ingenio Pueblo.

La señora Ernestina Guerrero era la esposa del señor Marcelo Benavides, quien se salvó de morir ahogado en esta noche fatídica.

El señor Rafael Gustín era sordomudo y vivía con su hermana Enemesia.

En la vereda San Isidro murió el niño Gerardo Madroñero.

Contexto histórico:

En marzo de 1972 Colombia era gobernada por Misael Pastrana Borrero (1970 -1974), el último presidente del Frente Nacional y padre de Andrés Pastrana Arango, presidente entre 1998 y 2002. Al frente del departamento de Nariño estaba el dirigente político Laureano Alberto Arellano y como alcalde de Sandoná el señor Néstor López Zambrano.

Publicación del diario El Tiempo de Bogotá.

Diluvio en Nariño” fue el antetítulo que utilizó el diario El Tiempo en su edición correspondiente al domingo 2 de abril de 1972 y “Miles de damnificados” como título.

Este es el texto que escribió el periodista Olmedo Calderón:

Dos noches de esta Semana de Pasión, trajeron miedo, desolación y muerte a Sandoná, pujante municipio nariñense.

El director de la Defensa Civil en Pasto sargento mayor retirado Agustín B. Lasso Benavides, confirmó a EL TIEMPO la muerte de seis personas identificadas como Enemesia Bustín, Rafael Bustín, Matías Popayán, Jorge Popayán, Ernestina Guerrero de Benavides y un niño cuyo nombre se desconoce.

La tragedia se registró 45 kilómetros al occidente de esta capital, y hasta las 6 de la tarde de hoy se había logrado el rescate de cinco de los desaparecidos.

Pareciera -dijeron las gentes llenas de terror- que en medio de las tinieblas un ángel malo hubiera abierto las esclusas del Cielo, sobre las cimas de Sandoná, para repetir otro Diluvio.

Aguaceros torrenciales, con furia apocalíptica, cayeron sobre la población veraniega, cambiando de un momento a otro la paz, el sueño y el descanso en repentina angustia y zozobra colectivas en la población.

Se rompieron los diques naturales del río, se apagó la luz por considerables daños en la planta de energía eléctrica, se destruyeron las instalaciones del acueducto y alcantarillado, sobrevino la inundación con fuerza incontenible, destructora arrojando pérdidas estimadas por ahora en más de tres millones de pesos, y cerca de 300 familias damnificadas.

Las voces de auxilio, los gritos desesperados se perdieron entre un mido ensordecedor do las aguas desbordadas.

Más de treinta derrumbes de miles de toneladas de tierra, piedra y lodo aislaron definitivamente a la zona afectada.

Solamente quedaron hábiles dos vías: La de su confianza en el gobierno y la de la fe en Dios”, decían dos Franciscanas que, clavadas de rodillas en el barro, imploraban clemencia divina.

El desastre causó incalculables pérdidas materiales en las zonas urbana y rural. De las veredas y corregimientos todavía no se tiene una idea precisa de los daños y perjuicios para los caficultores, agricultores y campesinos.

La Defensa Civil informó a la prensa sobre casas desaparecidas, edificios públicos y privados averiados, servicios públicos destruidos, almacenes desocupados, talleres de artesanías aniquilados, cultivos arrasados, puentes y vías averiados.

Los primeros en llegar al sitio de la tragedia fueron el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Pasto, la Defensa Civil, Unidades del Batallón Boyacá, de la Policía Nacional, la Cruz Roja, los servicios de Salud Pública del departamento y funcionarios de la Oficina de Fomento y Desarrollo de Nariño.

Tan pronto como cundió la noticia en el país, suministrada por EL TIEMPO y luego por los boletines de prensa y la radio, la respuesta fue inmediata.

De algunos organismos del Gobierno Nacional, de los sectores privados, industriales y comerciales y de la actividad económica en general, se recibieron las primeras expresiones de solidaridad.

Plan de emergencia

El primero en establecer contacto con las autoridades de Sandoná fue el ministro de salud, José María Salazar Buchelli, quien dispuso, a nombre del Gobierno, un plan inmediato de ayuda al municipio afectado.

El mandatario seccional, Laureano Alberto Arellano, a su regreso de la reunión en “Hatogrande”, a la que habían sido convocados por el presidente Pastrana los gobernadores del país y los altos mandos para acordar el plan nacional de elecciones, dispuso con los secretarios del despacho un programa especial de atención a Sandoná.

Las autoridades sandoneñas revelaron hoy que esperaban alimentos, drogas y ropas que debieron ser despachados desde Bogotá en aviones de la FAC hasta el aeropuerto “Antonio Nariño”, para luego ser transportadas en helicópteros y en camiones, aunque la vía principal continuaba parcialmente obstruida.

Un mensaje procedente de Sandoná dice que esa es la ocasión para que los parlamentarios nariñenses, tanto liberales como conservadores, si todavía les queda tiempo, acuerden un proyecto de ley para ese municipio, ya que ante “la magnitud del problema, dedicarse a los mensajes de ocasión sería un descaro tremendo que nadie perdonará”.

Más de 3 millones

El alcalde, Néstor López Zambrano, en declaraciones para EL TIEMPO, afirmó que las pérdidas materiales únicamente en la población pasan de tres millones de pesos. De las veredas y corregimientos –señaló- es difícil hace un cálculo aproximado, pero se estiman en más de 300 las familias damnificadas, es decir, más de dos mil personas.

Los barrios más afectados de Sandoná son: del Comercio, Obrero, El Cafetero, San Francisco, Meléndez y Las Lajas. En lo rural se menciona el corregimiento de El Ingenio, donde perecieron cinco personas, de las cuales se rescataron cuatro. Entre las veredas más perjudicadas se cuentan: Santa Rosa, San José, donde fueron destruidas casas y los cultivos de café, caña, plátano, yuca y la vereda de San Isidro donde murió el menor Gerardo Madroñero.

Como los perjuicios económicos son inmensos, la junta de la administración municipal, que integran Néstor López Zambrano, Hernando Ágreda, Heriberto Valencia y Rodrigo Arcos, y el cura párroco, Ángel María Araujo, enviaron mensajes de carácter urgente al presidente Pastrana en demanda de una atención rápida.

Los 35 mil habitantes de Sandoná, con un presupuesto de rentas y gastos de únicamente 800 mil pesos, no podrán de ninguna manera, defenderse por cuenta propia de esta grave emergencia.

Si se quiere –en verdad- que este centro piloto de artesanías de Nariño reconstruya su vida, es indispensable que le hagan efectivos los cuatro millones que le prometieron en fecha reciente.

Author: Miguel Cordoba

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