“La misa ha terminado”

Columna Desde Nod
Por Alejandro García Gómez.
“La historia de la iglesia (sic) estaba llena
de anécdotas de los que habían ejercido el poder de una manera y escrito su
historia de otra. El reino de la mentira siempre había sido la antesala del
cielo y en él jugueteaban orgullos y ambiciones revestidos de sotanas o de
bonetes púrpuras
”, dice Gardeazábal en su última novela, con su acostumbrado
descuido ortográfico pero indudablemente bien escrita; un juicio al alto y
mediano clero católico, exagerando detalles para la verdad novelesca.

Se vale de algunos hechos reales ocurridos en
nuestro país, como el suicidio de dos sacerdotes bogotanos –homosexuales, según
la prensa- que pagaron sicario para que los matara, cuando descubrieron que
estaban infectados de sida. También hace un collage de varios cardenales en un
solo personaje. Uno de ellos –vivo aún- tuvo la osadía de bendecir dineros
mafiosos, porque se los entregaron a él para obras caritativas, dijo
. Otro, tolimense,
fallecido en Roma, se dice que sibarita, vendió el bello edificio del Seminario
de Medellín para el centro comercial que hoy funciona allí; excomulgó a una
niña de 11 años porque se practicó un aborto por la violación de su padrastro,
y a sus médicos; persiguió curas y monjas con el sentido social de Medellín
Celam 68’. Y otros. La ambientación corre a cargo de los intríngulis de
corrupción, ambición y el poder del alto clero Vaticano que maneja una de las
instituciones más opulentas del mundo, desde que Constantino se lo proporcionó
en beneficio de él mismo y que ellos supieron aprovecharlo y acrecentarlo con
el tiempo
, en desmedro de la propia doctrina del amor caritativo o humanista
que les había encomendado su fundador -según quienes lo creemos- como se lo
empezaron a señalar los escritores del Siglo de las luces y posteriores, cuando
tratar estos temas era peligroso. Actualmente son muchos los intelectuales que
han tomado este destino. Quizá porque ya no hay el peligro de la hoguera, sino
de excomunión, y porque, más que moda, hay indignación frente al abuso  no sólo de pederastia de tantos clérigos,
cada vez más público y notorio.
Con el mismo recurso narrativo de historias
individuales largas -recortadas con una tijera imaginaria- de sus últimas
novelas, distribuye en brevísimos capítulos una actitud o característica de
alguno de sus personajes y va hilvanando el entretejido total, pausándola con
observaciones y reflexiones de un narrador omnisciente, alter ego del propio
autor. Más adelante introduce dos personajes que serán otros alter ego: un loco
que señala verdades (“los niños y los locos dicen la verdad”) y que conoce el
tejido total de la historia, porque ha sido testigo de todos los hechos
sucedidos y porque ha estudiado las profecías del final de los tiempos; el
Demente quizá también es un homenaje a sus amigos de la caricatura radial La
luciérnaga, quienes cariñosamente lo identifican como Viejo loco y “desocupao”.
El tercer alter ego es un cura que supuestamente se cartea con el escritor
real. Es la voz del otro lado del prisma del autor sin dejar de ser el mismo
autor, puesto una armadura de Caballero templario actual
.
Con el bagaje que tiene, ¿por qué el brillante
escritor no se ha arriesgado a explorar aventuras, experimentos literarios,
como cuando de veinticinco años escribió Cóndores no entierran todos los días
en Torobajo, y más bien se ha resignado a repetir una fórmula que, si bien es
buena y le ha dado resultado, quizá, repito quizá, no le llene su satisfacción
de creador? La misa no ha terminado (tal como sus últimas novelas) proporciona
todas las facilidades a cualquier guionista de cine o de serie televisiva

(¿impensable en Colombia?) para llevarla como historia a cualquiera de las dos
pantallas. ¿Podría ser una de las causas? No podría ni soñar que fuera por un
imposible aperezamiento creativo del prolífico narrador conociéndole como se le
conoce su incansable vigilia dinámica de veinticinco horas al día. ¿Qué puede
ser?
Nota de duelo.- Mi solidaridad con la familia
del columnista Evelio Ramírez M. 29.I.14
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Author: Miguel Cordoba

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