Las ‘chuzadas’ de mi pueblo

Por Iván
Antonio Jurado Cortés
No es raro
que las ‘chuzadas’ ya no causen sensación en este país, motivo que se volvieron
comunes en los dos gobiernos de Uribe Vélez; sin embargo se han mantenido de
bajo perfil pero más intensas que antes
. No podemos olvidar que son legalmente
utilizadas por los organismos de seguridad del Estado, y en los últimos 12 años
se han masificado argumentando su esencialidad para el normal funcionamiento de
los esquemas de inteligencia de las fuerzas militares y policiales contra el
hampa.

Lo curioso
del asunto es que el gobierno nacional no ha hecho esfuerzo alguno por el
desmantelamiento de estas bandas delincuenciales que aceleran la
desestabilización del Estado. La actitud del ejecutivo y el ministro de la
defensa nacional han dejado perplejo al país
en cuanto al tema de las últimas
chuzadas detectadas en la capital de la República, denominada: ‘fachada
Andrómeda’.
Lo grave de
estas actuaciones ilegales es que son efectuadas por una célula del ejército
,
hecho que deja entrever la debilidad y deslealtad de algunos altos oficiales de
las fuerzas militares. La oficina
pantomima que estaría interceptando a los negociadores del gobierno en La
Habana, entre otros, es una transformación de la anterior ‘sala gris’ que
funcionaba en el antiguo edificio del DAS y búnkeres de la Fiscalía General de
la Nación, razón para que el presidente Juan Manuel Santos y su ministro de
‘guerra’ debieran estar completamente enterados de las argucias practicadas por
uniformados en complicidad con funcionarios del CTI y civiles estratégicamente
camuflados.

La famosa
‘Andrómeda’ no es más que otra de las malas intenciones del poder
seudodemocrático ultraderechista que existe en Colombia, causante del
recrudecimiento de la guerra civil que afronta esta nación hace 50 años. Muchas
de las ‘chivas’ que el expresidente antioqueño lleva al ‘trino’ respecto a la
seguridad, son infiltraciones de sus fieles oficiales que aún creen que este
personaje continúa con la investidura de mandatario.
Es obvio
que el proceso de paz con la guerrilla de las FARC ha servido para identificar
quienes están detrás del fructífero negocio de la guerra, y el exmandatario y
sus secuaces han sido de los más beneficiados con el conflicto, hasta el punto
de quebrantar el principio de la autoridad gubernamental por cumplir con sus
propósitos bélicos. Al inicio su discurso pendenciero fue admirado y aplaudido
por millares de nacionales, hoy, solo es una retórica retrógrada, cubierta con
manto redencionista.
Lo
preocupante es aceptar a nivel gubernamental que las `chuzadas’ son legales,
sabiendo que cada vez los resultados son nefastos para la democracia,
contribuyendo al aumento de la incredibilidad y resquebramiento de la dignidad
humana. Claramente se nota como el alto gobierno trata por todos los medios de
restarle importancia a un suceso que en otros países es considerando delito de
inmensas proporciones. Estos actos bochornosos y traidores son reflejo de la
podredumbre estatal, que de continuar así, conllevaran a un debacle
sociopolítico.
En la
actualidad, el cuerpo militar del país pasa por los más bajos índices de
credibilidad, debido al descubrimiento progresivo de actos delincuenciales cada
vez mayores y de implicaciones extremas. En este orden, los falsos positivos,
abuso de la fuerza y las resonadas chuzadas son pan de cada día
. Los últimos
gobiernos se han caracterizado por defender al máximo esta serie de anomalías
criminales que destruyen sistemáticamente las estructuras del Estado.
Cuando por
primera vez se habla de la posibilidad de lograr una paz política, aparece el
‘demonio’ y sin explicación intercepta comunicaciones, hurta coordenadas y no
pasa nada
; todo se opaca de manera mágica. Dentro del folclorismo estatal, las
‘chuzadas de mi pueblo’ ocupan papel protagónico en el diario vivir de los
colombianos.
Domingo,
febrero 09 de 2014
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Author: Miguel Cordoba

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