María Estela Cabrera y su relato de resistencia

María Estela Cabrera
Foto: Edilma Prada
Tomado de
María Estela,
con cuidado, busca en un mueble de madera una de las cartas que desde la selva
escribió su hijo Pablo Emilio Moncayo Cabrera quien estuvo secuestrado por la
guerrilla de las FARC 12 años, tres meses, 9 días
. También busca los álbumes
familiares que se convirtieron en repositorios de las pruebas de supervivencia,
y escarba en la azotea de la vivienda para enseñar las pancartas con
fotografías y mensajes que fueron el soporte de una lucha por la exigencia de
la libertad de su hijo.

Son las
memorias que conserva de un prolongado periodo de dolor y de perdón
. Pablo
Emilio fue secuestrado el 21 de diciembre de 1997 por las FARC en la toma
guerrillera de Patascoy (entre Nariño y Putumayo) y se convirtió en uno de los
28.500 secuestrados (cifra de la Unidad Nacional de Víctimas) que dejó el conflicto.
Esa fue la fecha que marcó los recuerdos de la familia Moncayo Cabrera, pero
sobre todo el inicio de un paciente y pacífico proceso de resistencia.
Ella es de
Sandoná, un pueblo tranquilo ubicado en las faldas del volcán Galeras en el
departamento de Nariño, sur de Colombia
. Región verde, artesanal y altamente
agrícola; zona donde también el conflicto tocó fondo.
“La resistencia
para mi es la valentía, en este caso como víctimas, aunque no nos quieran
reconocer, la valentía para perdonar y para hacer patria desde el lugar donde
uno esté
”, dice María Estela.
Enseña la
carta, perfectamente conservada que escribió Pablo Emilio en el año 2000, y la
lee en voz alta: Aunque no lo crean esta cuestión es dolorosa y muy dura
algunos días le provoca a uno ni siquiera levantarse
y tal vez quedarse
durmiendo y soñando en su hogar que es lo que más le hace falta….
Pablo Emilio
en todas las cartas nos agradeció y pidió que nunca desfalleciéramos
”,
manifiesta la mujer al recordar que en marzo de 1998 recibieron la primera
prueba de supervivencia. 

“Él tenía 19
años de edad cuando lo secuestraron, más 12 años de cautiverio entonces
decíamos nosotros ¿qué va a pasar con él? Uno siempre estaba pensando ¿qué
estarán haciendo allá? ¿qué es lo que viven allá?  Si uno aquí en libertad sufría y se sentía
secuestrado con ellos, entonces uno pensaba cómo sería la vida allá. Es una
angustia total (…) Fue un tiempo de incertidumbre, de duda, de pensar en lo
peor, pero cuando ya se supo que él estaba vivo, había la esperanza de que
volvería
. Sin embargo nunca pensamos que ese tiempo iba estar tan largo”,
pronuncia María Estela.

Tiempo en el
que los álbumes se fueron llenando con un sin número de fotografías de marchas,
encuentros con familiares de otros secuestrados, reuniones con líderes
regionales y nacionales, plantones, y el recorrido, de 46 días, que realizó
desde las tierras nariñenses hasta la capital del país, el profesor Gustavo
Moncayo, su esposo y padre del cabo secuestrado
.

“Eso fue
difícil, la verdad fue que nosotros veíamos que había mucho peligro en el
camino. Él salió prácticamente solo, de aquí acompañado de unas personas amigas
y se fue con Yuri Tatiana, nuestra hija. Eso fue un día del padre”
, recuerda.

María Estela
agrega también que decidió quedarse porque los dos eran maestros y “alguno
tenía que trabajar”. Ella cubrió varias de las clases que Gustavo dictaba de
ciencias sociales y la materia que le correspondía que en esa época era
castellano
, actualmente enseña filosofía.
“Teníamos que hacer algo para que Pablo Emilio
supiera que no estaba solo. Gustavo se convirtió en el caminante por la paz con
sus manos encadenadas, era un acto simbólico, y yo en silencio luchaba y
trabajaba, fuimos un complemento en toda esta espera
”, asegura.
La profesora
Estela, madre de cinco hijos, mientras revisa uno a uno los álbumes y observa
las fotografías de 18 años atrás, trae a la memoria los recuerdos de los viajes
y correrías que con Gustavo dieron para volver a tener en su hogar a Pablo
Emilio
, el militar que padeció el periodo más largo de secuestro en la historia
del país.
“Una vez fuimos
a San Vicente del Caguán (Caquetá) cuando era la zona de distensión (1999-2002)
estábamos a la espera de pruebas de supervivencia y unos guerrilleros gritaron:
dónde están los familiares de los soldados y nosotros nos fuimos corriendo para
ir al lugar desde donde nos llamaban pero allí nos dicen para ustedes no hay
pruebas, en ese momento nuestra angustia fue grande, nos dio mucha rabia, al
punto que decidimos tirarle a los guerrilleros la comida que nos dieron
. Al
otro día nos vuelven a llamar y ahí fue cuando entregaron las pruebas de
supervivencia”.
Situaciones que
hoy son vistas como anécdotas, pero que marcaron sus pensamientos.

Uno ha querido
pasar el capítulo. Si perdona se quiere recordar sin dolor. Pero a veces es un
poco difícil porque de todas formas se agolpan las imágenes de esos días,
aunque ahora uno ve con más tranquilidad el presente
”, expresa María Estela al
enseñar las fotografías del pasado, sonríe al verse más joven y recuerda su
valentía como madre y esposa. Ahora tiene 56 años de edad.

Reconoce que
durante el periodo de cautiverio del cabo Moncayo, siente a veces que sus voces
no fueron reconocidas, fueron aplacadas por quienes tenían el poder
.
“Se dieron
presidentes, tras presidentes, gobiernos tras gobiernos y todos hablaban y
querían decidir y decidían y uno que no podía decidir
, pero no estaba en
nuestras manos y eso era lo más angustiante, que eran otros los que decidían
por nosotros” dice María Estela.
Las pancartas
con mensajes de “libertad ya” son las pruebas de una lucha que expresó una
exigencia por los derechos a la vida y a la paz
; pasacalles y carteles que son
conservados en su vivienda como una forma de no olvido.

El militar
Pablo Emilio Moncayo recobró la libertad el 30 de marzo de 2010 gracias a una misión
humanitaria. Y fue en el aeropuerto en Florencia (Caquetá) donde se reencontró
con su familia
.

“Yo estuve los primeros días con él. En Bogotá
lo acompañé en el hospital durante su recuperación. Y él me decía que leía
mucho, muchos libros, también sabía mucho de medicamentos
. Hablamos del peligro
de la selva y varios de los momentos difíciles que afrontó”. Momentos que María
Estela dice nunca olvidar pues fueron los días que volvió abrazar a su hijo
luego de 12 largos años de espera. 
Pablo Emilio
actualmente reside en la ciudad de Bogotá y según las palabras de su madre está
recuperando su vida. “El tiempo es el mejor remedio para superar muchas cosas.
Se organizó tiene una familia, tiene una hijita. Lo veo a él en ese rol de
padre, muy feliz
”.
Los mensajes de
resistencia
Los álbumes
donde están los recuerdos de las historias del pasado se encuentran junto a un
sin número de textos escolares
en un improvisado escritorio que tiene María
Estela en su vivienda en Sandoná.
Desde allí
califica varios de los trabajos de filosofía que le presentaron estudiantes de
los grados noveno y once del colegio ‘Santo Tomás de Aquino’
.
Esta mujer
asegura que sus alumnos se convirtieron en los testigos de la resistencia de su
familia. “En mis clases cuento el dolor por el que pasamos y cómo es el
mantener esa resistencia porque a pesar de todo uno ha seguido aquí
”.
La voz de la
maestra se hace sentir en los salones de clase con la enseñanza de los
significados del vocabulario y sentimientos que una sociedad en etapa de
transición del conflicto a la paz debe aprender como es el perdón y la
reconciliación
.

El perdón debe
ser total en el sentido de no guardar rencores, porque si nosotros perdonamos
nos hacemos un bien a nosotros mismos
, a nuestro corazón, a nuestra propia
vida, y también es la intención del perdón es que no se vuelvan a repetir esas
historias tan dolorosas en otras familias”.

María Estela se
ha convertido en un ejemplo de esperanza
, su historia de vida y los mensajes
que da desde su terruño, la hacen una mujer valiente y admirable.
Estoy dando
todo de mi como maestra, formando jóvenes, formando personas
(…) estoy haciendo
algo por mi pueblo y bueno en la medida de mis capacidades aportarle a la
nación”.
Dice que sigue
de cerca las noticias para saber qué pasará con las negociaciones de paz que
adelantan el Gobierno y las FARC en La Habana (Cuba) el que considera es “un
gran esfuerzo” para cambiar el destino del país. La difusión de cada avance de
los acuerdos es un motivo de alegría, y destaca el anuncio de la inclusión de
un enfoque de género para garantizar que las mujeres puedan acceder en igualdad
de condiciones a los beneficios de vivir en un país sin conflicto
.
Solo quien ha
vivido la guerra en carne de propia, puede hablar de paz con autoridad
”. Esta
valiente madre votará por el Sí en el plebiscito y espera que los sandoneños
hagan lo mismo.

María Estela,
sin apuro, pone en su lugar las fotografías, las pruebas de supervivencia y las
pancartas que desempolva cada vez que llega una visita a su casa para relatar
lo que fue su vivencia en el marco del conflicto armado
.

Fotos: Edilma Prada

Nota original:

http://agendapropia.co/content/mar%C3%ADa-estela-cabrera-y-su-relato-de-resistencia

Author: Miguel Cordoba

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