Resaca

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Rincón consaqueño
Por José Rodrigo Rosero Tobar
roserotobarjoserodrigo@gmail.com

Las celebraciones decembrinas y la vida carnavalesca de principio de año, se convierten en una época que nos aleja tenuemente de tanto tiempo de crisis y del innegable deterioro de la sociedad actual, pero, en breve volvemos a caer nuevamente y seguimos afrontando la cruda y diaria realidad.

La emocionante vocación de la novena de navidad, los inventados festejos para remplazar la legendaria echadita de agua el día de inocentes, el desfile de años viejos y el incasable despliegue de pasos individuales, murgas, comparsas y carrozas en el carnaval, representan una fórmula de escape a las desilusiones que nos corresponde afrontar.

Época virtuosa la del carnaval, todo se tergiversa, danzantes se agrupan en círculos concéntricos semejando la proximidad de un ritual, el tiempo se diluye brevemente, el ser se aventura a sacar a flote sus ocultas ambiciones cuando el cura que no es cura se vuelve cura, el médico que no es médico se vuelve médico, queriendo demostrar que no es lo que es, o no es lo que hubiera querido ser en su deambular en este mundo material.

Las multitudes son tan significativas, que cabe preguntarse de donde sale tanta gente y como se acomoda en cualquier lugar para poder observar el carnaval, sin embargo, en la brumosa resaca de la fiesta multicolor, volvemos a palpar nuestra existencia para mirar y preguntarnos cómo y porqué se desmorona el globo terrenal.

Estas fiestas, por su carácter de populares y durante su desarrollo, indiscutiblemente ocasionan impulso a la precaria economía local e incluso los mismos organizadores se dan cierto margen de popularidad, sin importar muchas veces la calidad del artista de turno que le corresponde actuar para animar. No en vano dicen por ahí que cada cual hace su fiesta, refiriéndonos ineludiblemente a la satisfacción de gozarlas con un tanto de nostalgia y mucho de resignación coloquial.

El carnaval se aleja ondeante esperando su nueva oportunidad, aunque ciertamente no todos los disfraces regresan a su estante original, pues  en el diario vivir encuentran su asidero y en procesión solemne continúan las comparsas imparables de danzantes alardeando por los pasillos de la burocracia nacional y otras por allá empiezan a negociar los afectos de votantes de una urna que los convertirá en figura principal; el carnaval deja con su paso días de gloria y espíritu popular, pero los disfraces siguen expresivos acompañándonos de manera cotidiana con su figura particular.

Consacá, 14 de enero de 2023

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