“Traición a la patria. ‘El Milicogate’”

Desde Nod
Por Alejandro
García Gómez
pakahuay@gmail.com
La noticia de
fines de 2016 trajo un escándalo desde Chile: el espionaje y grabación de
momentos íntimos –dentro de una fragata- de algunas mujeres de la Armada, por
varios de sus compañeros y su difusión entre ellos
. Sus grados eran de
suboficiales para abajo. Desde la presidenta Bachellet hacia abajo lo
condenaron. Y no era para menos.

Ojalá con la
misma prontitud y severidad se hubieran pronunciado todas las autoridades, la
misma Bachellet, Lagos, Piñera, etc., sus ministros de defensa y sus altos
mandos de todas las armas, por el desfalco de más de 20 mil millones de dólares
que se vino haciendo ya en tiempos del poder civil y democrático en el gran
país del sur
, y que todos lo conocían. Este es el objeto del libro del
periodista y profesor Mauricio Weibel Barahona, que da título a este artículo
(Ed. Penguin Random House, Santiago. 2016).
Pinochet y su
círculo fueron adoquinando, con “seguros” y dinero, su salida del poder
directo, cuando se dieron cuenta de que continuar era contraproducente para
ellos porque su gran promotor y aliado –EEUU- ya no los miraba con los mismos
ojos, porque sus abusos habían sido tan cruel y siniestramente grotescos,
que el mundo se fue alinderando alrededor de las miles de víctimas
. Por otra
parte el gobierno gringo –con su usual cinismo- deseaba ser el máximo pontífice
de los Derechos Humanos del mundo. Según Weibel, los gorilas multiplicaron,
entonces, sonrisas multimillonarias a otros mandatarios (y a los empresarios de
esos países) -como p. ej. a M. Thatcher, etc-. Se aprestaron también a expedir
leyes que no sólo los blindaran, sino que les prodigaran una vida de príncipes
fabulescos a ellos, a sus familiares y a sus descendientes. Repartir la torta
para todos, a unos más a otros menos, según la Ley de la vida. 
Entre esas
leyes estaban, p.ej., que las líneas de comando de todas las Fuerzas Armadas no
podían ser tocadas –en varios años- ni por el presidente ni por ningún poder
público. Fue otro de los sapos que la civilidad debió tragarse para conseguir
la paz. Otra fue la llamada Ley Reservada del Cobre, objeto del libro que
reseñamos hoy. Existe una Ley del Cobre desde antes de la dictadura (empieza
con A. Alessandri en 1938), pero que en ella ofreció su banquete. Resumen
breve: que el 10% de los impuestos por las ventas de su máximo producto de
exportación, el cobre, fueran a cubrir los gastos militares, ¡sin ninguna clase
de control estatal! El escándalo se destapó cuando el cabo del ejército chileno,
Juan Carlos Cruz Valverde, con un sueldo de $500 mil pesos, en una sola noche
despilfarró $60 millones en Monticelli un afamado casino santiaguero. Las
primeras pesquisas encontraron que en 2013, último año su de “su fiesta”, el
cabo se había tirado $1.085 millones en el casino, más lo gastado en sus
vacaciones en varios países con su compañera sentimental. En 2014, el
descubrimiento de una firma falsificada representó el fin de fiesta del cabo y
el afloramiento de la punta del iceberg
.
Y los altos
mandos, callados. Y la presidenta Bachellet, callada. Y el congreso y el poder
judicial, callados. Como aquí en Colombia, la valentía de unos periodistas
destapó olla podrida. Con lentitud y a regañadientes comenzaron las
investigaciones. Al comienzo todo “el peso de la ley” cayó sobre el cabo Cruz y
uno que otro de los de abajo
. Poco a poco comenzaron a caer coroneles y
generales. Pero al mismo tiempo empezaron las amenazas para Weibel y sus
valientes colegas de la revista The Clinic. Fueron asaltadas sus dependencias y
se sustrajo “todos los equipos que usamos los periodistas para trabajar y
guardar información. No hay antecedentes concretos sobre las motivaciones
detrás de este delito, salvo atendibles sospechas que alberga cada cual y algo
de sentido común (cursivas y subrayado, míos)” (M. Weibel, pg 12).
¡Tantas las
cosas para aprender aquí, entre nosotros
, después de Odebrecht, Reficar, los
baldíos denunciados por la Contraloría, etc., pero antes del posconflicto!
18.V.17

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Author: Miguel Cordoba

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