Covid vs calentura

Por Iván Antonio Jurado Cortés
Facebook: ivanantonio.juradocortes

Pese que Colombia ha sido una nación vulnerable y conservadora, abarrotada de folclorismos y creencias religiosas, el tema de la pandemia empezó a perder terreno vertiginosamente, hecho que hasta los escépticos los han obligado meterse en una burbuja que finalmente se traduce en oportunidad apta para el deguste de fin de año.

Las noticias del Covid ya no son tema de conversación; ahora, la preocupación es que llega diciembre y con él la calentura de siempre, esa que permite derribar cualquier obstáculo por imposible que parezca, lo importante es estar alegres, bien vestidos, tomando ‘guaro’ y enrumbados. Lo demás puede esperar, incluso el coronavirus.

Aunque la pandemia ya mostró lo que tenía que mostrar, y se ajustó al viejo refrán que, ‘el tigre no es como lo pintan’, o que ‘mataron al tigre y se asustaron con el cuero’, viene la necesidad de rebuscar el ‘billete’ para afrontar las tradicionales fiestas de remate de año. Ese afán es el que preocupa a las mayorías, no es el virus ni la política.

Según el gobierno todo apunta que para el fin de año retornen las improvisadas cuarentenas, más que por temor al contagio, es por la presión social de los últimos meses. Las marchas y rebeldía de la gente no le dejan otra alternativa a Duque, que volver a encerrarnos para calmar los ánimos que por cierto están bastante caldeados.

Pero que el negro Angulo y el viejo Lucas se enrumban o que la mamá Tulia se alza la bata, de eso no habrá la menor duda. La normatividad sanitaria aplica hasta el primer brindis, luego a la mierda el tapabocas porque la soberbia decembrina marcará la temperatura y generará la inmunidad necesaria para gritar con seguridad, estamos vivos y coleando.

Lastimosamente la manera como el gobierno ha manejado la pandemia ha hecho de que los colombianos pierdan progresivamente la credibilidad, dándole paso a suspicacias que no facilitan un entendimiento mutuo, dejando entrever dudas en el sistema gubernamental en el tratamiento de la enfermedad.

Para nadie es desconocido que las mafias alrededor de la atención de contagiados por Covid han socavado la poca fe de la ciudadanía. Es así como el 80% de los enfermos con coronavirus no asisten a las clínicas y hospitales, manifiestan que no creen en los tratamientos, prefieren los remedios caseros naturales, que por cierto con efectivos resultados.

Aunque las alarmas se vuelvan a encender por altas ocupaciones de camas de cuidados intensivos en muchas ciudades del país, la gente ya no come cuento. El pánico de los anteriores meses ha sido superado gracias a la mediocridad de las estrategias institucionales.

Los colombianos están superando el amarillismo mediático respecto al virus, y más bien están aprovechando el tiempo para vislumbrar posibilidades de cómo salir de este atolladero que confundió la realidad y puso al mundo patas arriba.

Se acerca el fin de año, y con él la alegría de muchos por cumplir un año más de existencia, otros, por esperar un mejor 2021, y la mayoría, esperando que la suerte cambie favorablemente. Es verdad que el 2020 ha sido una temporada que afectó la dinámica socioeconómica como nunca antes. Sin embargo, la nostalgia y magia navideña opaca cualquier intento de saboteo político, haciendo de estos días una época de falso regocijo que abre puertas para rearmarse y esperar la próxima vigencia cargados de positivismo.

El Covid frente a la calentura decembrina, no tiene nada que hacer. Las yeguas están ensilladas, esperando al amo para emprender el sendero de la realidad, esa que nunca se debió perder por presiones mezquinas de medios masivos de comunicación y de los gobiernos.

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Author: Miguel Cordoba