La Habana: ¡es tan fácil levantarse!

Columna Desde Nod

Por Alejandro García Gómez
Históricamente, en toda mesa donde se resuelve
un Proceso de Paz se parapetan “imposibles”, porque no sólo los odios que
llevamos por dentro son los que más se enfrentan. Miguel A. Caro hablaba de
“los odios heredados”, refiriéndose a los ahora agonizantes partidos
. No, no
son éstos los de mayor pugnacidad. Ni tampoco son los más graves, duros ni
difíciles de vencer. Son los intereses de lado y lado los “indestructibles”,
los mezquinos; casi siempre, más de uno que de otro lado.
“Que todo cambie”,
dicen unos. “Que todo cambie, pero que todo siga igual”, afirman los otros. La
sabiduría está en identificar el punto de equilibrio, pienso yo, y la grandeza
en aceptarlo. Eso sin contar con la “postura” de los indiferentes –que con el
tiempo aumentan-, que por su composición “ideológica” (los “me
importaunculismo”, como se les llama coloquialmente), están más cerca de los
enemigos de la paz, por su fácil manipulación.
Del un lado hay prebendas seculares que no se
desean perder. Agreguémosle a esto la incalculable ganancia que representa para
otros -o para los mismos- el negocio de la guerra
. Sumemos ahora la mezquindad
personal de quien o quienes no quieren permitir que alguien se alce con el
trofeo histórico de la paz, después de 77 años de guerra fratricida (comenzó en
1946 y fue tomando nuevas caras, según lo he sostenido en anteriores
artículos). Todo se disfraza con razones “razonables”, sofismas para todo. ¡Ah,
lo olvidaba! Los enemigos de la paz no permiten que se les llame enemigos de la
paz
. Que son amigos, dicen, ¡pero no de ésta que estamos haciendo aquí y ahora!

Del lado de los comandantes guerrilleros, el
temor máximo es aceptar el confinamiento, por las probabilidades que existen de
ser extraditados
, ante el requerimiento de órdenes por narcotráfico del gobierno
gringo, tal como sucedió con los cabecillas paramilitares. Claro que los
cabecillas guerrilleros no tendrían, quizá, el mismo poder de chantaje que,
según la investigadora Claudia López -en Hora 20, Caracol- los paracomandantes
insistieron en hacerle al anterior gobierno. El otro temor de los
farcomandantes está ante la posibilidad de que, al estar confinados, quizá no
este gobierno que finaliza, sino uno posterior –con o sin reelección-, los
entregue a la Corte Penal Internacional.
Frente a este tema, en apariencia insolube,
debemos aportar ideas, algunas quizá descabelladas –unas más que otras- pero
entre unas y otras, quizá se hilvane una tercera o cuarta solución a nuestra
supervivencia como Estado-nación en el contexto mundial
.
Pienso que una medida, no sé hasta dónde
descabellada, sería entrar en intercambio con gobiernos amigos de ambas partes,
en acuerdos Estado-Estado, para solicitarles que los comandantes de las Farc,
paguen en esos países -en una cárcel de esos países- con acuerdo al ordenamiento
jurídico colombiano que para la ocasión transitoria se legisle, las penas que
la justicia imponga aquí. Que los juicios se realicen en nuestro país con una
legislación transicional ad hoc
. Que una de las cláusulas –ineludible- sea el
compromiso de cumplir las penas y para los Estados amigos de hacerlas cumplir,
con la supervisión de uno o más organismos internacionales. Otra de las
condiciones irrenunciables, eso sí, sería exigir que los farcomandantes cuenten
toda la verdad y con sus haberes –que según la prensa los tienen y bastantes-
reparen a las víctimas.
Los especialistas en derecho y los
internacionalistas se encargarían de dar forma jurídica a esta propuesta, de
llegar a concretarse ésta o una similar o “imposible”.
Claro que lo más fácil siempre será -con
patada o sin patada a la mesa- levantarse
. La “pausa” sería otra forma –quizá
cobarde- de abortar la esperanza.
Nota cultural 1.- La revista “Quitasol”, para
su octava edición, convoca a quienes estén interesados en publicar sus trabajos
de poesía, cuento, ensayo e lustraciones. Interesados remitirse a:
[email protected] 24.X.13
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columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas
pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a
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Author: Miguel Cordoba

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