Los jóvenes que recuperaron tierra para sembrar café

Tomado de www.eltiempo.com

“El mejor café de Colombia va a salir del municipio de Policarpa”, dice con voz segura Emerson Narváez. El joven es uno de los líderes campesinos que hoy impulsan el cultivo café de origen en la pequeña población nariñense ubicada a tres horas de la ciudad de Pasto. El área es ideal: situada en la cordillera Occidental, con varios pisos térmicos y una altura que oscila entre los 1.200 y los 2.200 m de altura, Policarpa es un enclave de ensueño para cultivar café. Sin embargo, durante años fue escenario del conflicto armado colombiano. Guerrillas, paramilitares y delincuencia común generaron un éxodo de campesinos que durante años salieron de la zona a causa del conflicto. Fue allí donde en marzo del 2010 la banda criminal autodenominada ‘los Rastrojos’ masacró a 10 personas.

Hoy, Policarpa es uno de los territorios con Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (Pdet). Y allí, Emerson junto con otros jóvenes lideran una iniciativa de más de 150 personas que busca restaurar la tierra de forma natural, producir café sostenible y generar oportunidades económicas para quienes habían estado, por muchos años, condenados a la violencia y el desplazamiento.

En poco más de 150 hectáreas, la Asociación Nuevos Horizontes, en la cual se han organizado los campesinos de Policarpa, ha logrado sembrar café pergamino en las variedades de seco, honey y natural; con dos cafés de características especiales uno con notas a frutos amarillos tropicales y otro de sabor vinoso.

Todo eso lo hacen al tiempo que logran disminuir la cantidad en el uso de agua para el cultivo, mejoran la calidad de los suelos y usan menos agroquímicos. “Lo que hemos hecho principalmente es mejorar la conciencia de todos los productores de que se debe cuidar el medioambiente. Desde la reforestación hasta el gasto de agua. Se instalaron unos sistemas que ayudan a reducir la generación de lixiviados en el procesamiento del café, ahora ya son mínimos, gracias a la investigación de nuestros caficultores. Antes, en promedio se gastaban 15 litros de agua para producir un kilo de pergamino seco; hoy en día, nosotros estamos gastando 0,9 litros de agua por kilo”, señala Narváez.

Lo que hemos hecho principalmente es mejorar la conciencia de todos los productores de que se debe cuidar el medioambiente. Desde la reforestación hasta el gasto de agua

Entre emocionado e ilusionado, Emerson repite una y otra vez que su sueño es que el café que sale de las montañas de Policarpa llegará a convertirse en el mejor del país. Y, aunque apenas llevan dos años produciéndolo (con 60 toneladas en su primera cosecha), lo cierto es que ya han dado grandes pasos para lograr ese objetivo.

“Este año quedamos entre los treinta mejores cafés de la Taza de la Excelencia, que es como la Champions League de los cafés especiales”, dice sonriente. Él es también uno de los rostros de la violencia que ha marcado al país durante los últimos años, pero mira al futuro con esperanza.

“Yo no vivía en la zona, yo era desplazado. Anteriormente, el conflicto armado era duro. Un grupo armado mató a un tío, y por eso nos tocó irnos a vivir lejos. Dejamos botado todo, la casa, la finca. Un día volvimos, y mi papá sabía de café. Yo tenía la filosofía de muchos jóvenes, de que no se puede vivir del campo. Entonces estuve en Bogotá, en Cali, di un montón de vueltas pero el destino estaba en el café. Un día, mi papá se accidentó y no pudo comprar más café y me dijo: ‘Compre café’ ”, recuerda Narváez.

Fue allí cuando todo cambió, no solo porque entendió las posibilidades que había en el grano, sino también porque decidió que el café que iba a salir de Policarpa no iba a ser cualquier café, iba a ser distinto, de origen, con calidad de exportación y, además, responsable con el planeta. Junto con la Asociación Nuevos Horizontes y gracias al apoyo del Fondo Colombia Sostenible, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Colombia en Paz y a los recursos de los gobiernos de Noruega, Suecia y Suiza, pudo empezar a impulsar ese objetivo.

Hoy –cuenta– no ha sido fácil, pero el camino apenas está empezando. Luisa Meléndez, otra joven que trabaja en la producción cafetera, recuerda que una de las cosas más complejas ha sido lograr que las personas mayores entiendan que ahora hay nuevas maneras de hacer agricultura.

“Mi tío, que es agricultor, me dice: ‘Esa siembra tiene que fumigar’. Y yo le digo: ‘No, mi cafetal yo quiero que sea orgánico’. Creo que el poder de todas las personas está en el aprendizaje. Necesitamos experimentar más para desarrollar un campo sostenible, y que los demás jóvenes vean que sí hay oportunidades en el campo”, agrega la joven caficultora.

Nota original:

https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/jovenes-recuperan-tierras-de-narino-de-la-guerra-para-sembrar-cafe-710447

Author: Miguel Cordoba

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