Narcoparamilitancia y narcoparabacrim

Columna desde Nod
Por Alejandro García Gómez

Comienzos de año. Una pareja de estudiantes de Uniandes (familias bogotanas encopetadas, una de ellas descendiente del polémico Laureano Gómez que también polarizó al país a mediados del siglo XX) fue asesinada en Córdoba en hechos conocidos. La prensa bogotana pegó el grito y el gobierno anunció recompensa de $500 millones. Este 2 de febrero, allá mismo fue asesinada otra pareja de estudiantes, de la Unicórdoba y primos entre sí. Recompensa del gobierno: 100 millones de pesos. La periodista Jimena Duzán, (Semana 15.I.11), asegura que son cientos los asesinatos de gentes humildes en esa misma región en los últimos meses y 30 en lo corrido de este año hasta esa fecha. Recompensas: ninguna. Víctimas según estrato socioeconómico.

Se supo entonces que el territorio donde asesinaron a los estudiantes Uniandes opera un antiguo mando medio paramilitar no desmovilizado, hoy con mando mayor: alias El Pájaro. La prensa, de inmediato entonces, obtuvo toda la información sobre su identificación y sobre su actuar y fácilmente pudo divulgarlo todo, hasta sus fotografías más recientes. Algo imposible sólo una semana antes, ¿cómo se explica? ¿Quién explica? ¿Las narcoparabacrim surgieron por generación espontánea o son las herederas de los narcoparamilitares? ¿O de la Seguridad Democrática? ¿O de ambos? ¿O al amparo de quién surgieron y pelechan?

Algo que sí se puede explicar mejor es el que llamaré factor militancia convertido en narcoparamilitancia: Una persona que “se educó” en la tropa guerrillera o paramilitar es difícil que recuerde otra manera de trabajo para sobrevivir, si es que tuvo tiempo de aprenderla antes de enlistarse. La mayoría ingresaron a filas aún niños o mozalbetes, por varias causas que aquí no alcanzo a explayar. Pero eso sí, todos aprendieron que la intimidación con un arma resuelve muchos problemas, casi todos; para ellos, todos. Y saben que el poder se multiplica, si se cuenta con algo de mando. Un comandante medio estaba acostumbrado a manejar enormes cuentas y a decidir vidas. Y saben qué necesidades cura el dinero -consumo, sexo y hasta el amor- y entre más dinero mejor y más inmediato. ¿Para qué esperar un sueldillo mínimo cada semana o cada mes? Y eso quienes tuvieran sueldo, porque muchos no lo han podido conseguir y tendrán que morirse antes que obtenerlo de manera digna. Los mismos que los armaron y los acostumbraron al olor de la sangre caliente –los paraempresarios-, ahora los ven como se veía antes a un leproso. Y los paraempresarios son la cuarta pata que le falta a la mesa del intento del narcoparaestado: narcoparamilitares, parafuncionarios, narcoparapolíticos y paraempresarios.

¿Por qué la sociedad, y en su nombra la justicia, no ha adelantado aún el juicio de responsabilidades con los paraempresarios? ¿También manejan la opinión pública? La militancia, no sólo como fenómeno social sino como estilo de vida, ¿fue tenido en cuenta por quienes los armaron primero y los desarmaron luego, al parecer los mismos (parapolíticos y paraempresarios)?

Una mínima parte de esa militancia desmovilizada la absorbió el Estado dándole trabajo como celadores de instituciones públicas, vigilantes del espacio público, etc., pero como eran tantos y se colaron muchos, la bolsa de empleo resultó insuficiente. Éstos fueron la nueva carne de cañón de las nuevas narcoparabacrim y van siendo reemplazados por los jóvenes desheredados de la vida en campos y ciudades. Y como las estructuras económicas, al parecer, quedaron intactas y las militares casi iguales (armamento escondido y mandos medios no desmovilizados o desde las cárceles con celulares e Internet), la máquina sigue trabajando y ya no tienen resquemor de aliarse hasta con la misma guerrilla, según informan las Fuerzas Armadas.

Nota cultural.- concurso de Crónica, informes www.grupoculturaleltunel.com 06.II.11

Author: Miguel Cordoba

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