Sentimentalismo crónico

Endulzando las palabras
Por Iván Antonio Jurado Cortés
Es obvio que el sentimentalismo es herencia de
los invasores españoles
, aunque muchos digan que la actitud sentimentalista es
de procedencia indígena. Con el paso de los años se ha comprobado que la
honradez, honorabilidad, organización social y trabajo comunitario, es innato
de la raza aborigen; más no, la avaricia, codicia, deseo económico y
perversión, propio de europeos
. Muestra de ello, son los diferentes
asentamientos ancestrales que gracias a su organización aún persisten en
algunos países americanos, como: Perú, México, Salvador, Guatemala, Ecuador,
Bolivia y en un porcentaje reducido en Colombia.

Es diferente ser amante y preservador de las
costumbres y la madre tierra, que cargar sentimiento por todo, sin argumento
racional
. Pero muchos se preguntaran a quien le interesa el cuento del
sentimentalismo? Pues, es tan importante como cualquier decisión eclesiástica o
legislación estatal, y lo podemos comprobar en los procesos
político-electorales que se efectúan en nuestro país. A raíz de esta actitud es
que muchos políticos astutos se disfrazan y actúan de acuerdo a la población.
Colombia es un país rico y diverso en todo el
sentido de la palabra, producto de ello son los asentamientos poblacionales
estructurados de acuerdo al clima, cultura, economía, producción, folclore,
música y otra serie de aptitudes y creencias propias del mestizaje patriótico.
Estas cualidades físicas y sociales son bien
atendidas por los caudillos, próceres y politiqueros sinvergüenzas, que ponen a
producir las neuronas de la creatividad y montan películas tan creíbles, que la
masa popular no duda en asimilar y brindarles su decidido apoyo
.
Caso concreto, el último acontecimiento
referente al proceso de paz: la tal ‘resistencia civil’, que no es más que otra
argucia de la gente que no le interesa que el conflicto termine
, rebuscando
argumentos para poner a pelear a las comunidades, que hasta hace poco
libremente expresaban de estar hasta la ‘coronilla’ con la guerra.
Desde 1990 salen a la luz pública frases tan
conmovedoras y ‘célebres’: “Apertura Económica”, “Plan Colombia”, “Seguridad
Democrática”, “Prosperidad Para Todos” y ahora “Todos por un nuevo país”
;
coloquiales lemas que han permeado la sensibilidad de millones de corazones del
pueblo colombiano, que sin mediar razón, transmiten dichas sensaciones al
espacio craneoencefálico, para concluir en actitudes impulsivas y fanáticas,
que benefician casi siempre a embusteros, elitistas y capitalistas salvajes,
que guiados por sendas estadísticas montadas sobre andamios irreales, son
convencidos de hacer esfuerzo por salvaguardar el bienestar de la mayoría
poblacional.
Y es que en Colombia pasan cosas demasiado
insólitas como estas: ‘la corrupción es inherente a la persona’; ‘violador y
asesino de más de 300 menores libre’; ‘más de la mitad de los integrantes del
congreso de la República presos o investigados por parapolítica’; ‘expresidente
que cacarea electrónicamente autoproclamándose el Mesías y solución perfecta
para un pueblo sumido en la incertidumbre gubernamental’, son algunos de tantos
hechos, que al final engendran incredulidad institucional.
Todo es consecuencia del sentimentalismo, ya
que las razones argumentadas pasan de bajo perfil, causando úlceras en las
mentes ‘prodigiosas’ de Harvard o estrés en los señores de corbata y paño
inglés. Mientras vuestros corazones sigan participando y decidiendo
políticamente, siempre obtendremos resultados endeblez
, permeados por la
mediocridad y escasos de verdaderas estructuras apalancadas en la realidad
comunitaria.
El sentimentalismo combinado con el
romanticismo es perfecto para un excelente comportamiento de enamorados. Aunque
se dice que el amor es fundamental en la toma de decisiones, también puede ser
letal en el momento de fijar posiciones coherentes a la necesidad humana; más,
en un país movido por acciones conservadoras y espirituales, donde primero se
piensa en salvar el alma aunque el cuerpo se descomponga
.
Este sentimentalismo crónico continuara
afectando trascendentales decisiones populares, hasta que la misma
necesidad  pueda romper paradigmas que
por el momento perturban el sendero de la redención y desarrollo del país. El
acuerdo de paz prácticamente se convierte en la apertura de la nueva Colombia
,
esa que ha sido añorada  por décadas,
especialmente por los que han sufrido en carne propia la crudeza de la guerra y
desean a gritos la transformación de la patria.

Domingo, 15 de mayo de 2016

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Author: Miguel Cordoba

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