Aprendimos de los errores

Imagen: dreamstime.com

La semana pasada registramos la
ocurrencia de dos errores
, el primero cometido en el Acuerdo sobre la creación
de la Secretaría de Deporte, Recreación y Cultura y el segundo en el titular de
una nota sobre el pago de los premios a los artesanos que participaron en el
Desfile de Años Viejos, el pasado 31 de diciembre.

Vamos por partes: el Concejo
Municipal en las sesiones extraordinarias creó la Secretaría de Deporte,
Recreación y Cultura, cuyo proyecto de acuerdo fue presentado por el alcalde
Byron Zambrano Rosas. Enterado de este hecho realicé la publicación, en la
cual adjunté el Acuerdo de la creación de esta Secretaría que su artículo
séptimo invoca la ley 607 del 2000
, que trata sobre la creación de las Unidades
Municipales de Asistencia Técnica Agropeacuaria – Umata.
Al leer la publicación el
administrador público Germán García Cabrera detectó el error
y lo comentó en su
cuenta de Facebook.
A su turno el alcalde Byron Zambrano
Rosas enmendó el error con la expedición de un decreto en el cual se refiere al
“yerro” cometido y lo propio hizo el concejo municipal, mediante la expedición
de una resolución. La norma no es la ley 607 del 2000, sino la 617 del 2000.
El primer balance es que todos
aprendimos de este error: las autoridades municipales, alcalde y concejales, y
quien escribe este texto porque al redactar una nota debo ser más riguroso, cuando de normas se
trate.
El segundo error lo cometí al
redactor la nota sobre los premios a los artesanos que participaron en el
desfile de Años Viejos. Titulé “Cancelaron premiación…” y lo correcto era “Pagaron
premiación…” como lo recomendó Germaín Jaramillo López en un comentario en la
red social virtual Facebook.
De inmediato corregí la nota y la
compartí en el blog y en Facebook, sin embargo no pude hacerlo en la red de
mensajería virtual WhatsApp. Seguramente alguna persona me puede colaborar para poder hacerlo en otra oportunidad.
Un nuevo aprendizaje relacionado con
el correcto uso del lenguaje.

En conclusión todos aprendimos.

Gracias a Germán y a Germaín, que detectaron
los errores cometidos. Por esas coincidencias de la vida sus nombres son muy
parecidos, se diferencian porque el segundo tiene una letra más y porque
mientras el primero reside en Sandoná, el segundo reside en Cali. Pero se identifican por el deseo de aportar.

Author: Miguel Cordoba

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